El terrón de azúcar 4: León y oveja

La periodista y escritora polaca, viguesa adoptada, Grazyna Wasiak Maxwell comparte su historia 'León y oveja'

El terrón de azúcar 4
El terrón de azúcar 4 | Atlántico

Una joven leona pesada se refugió en el borde de la jungla entre densos árboles de hojas frondosas. Estaba cansada, hambrienta y con dolor, porque iba a ser madre y esperaba a su primer cachorro. De repente vio a una joven oveja también pesada, que buscaba refugio entre los matorrales, porque igualmente iba a ser madre y esperaba a su primer cordero. La leona hambrienta, sin pensarlo, se lanzó sobre la oveja, pero el súbito esfuerzo provocó el parto y, poco después, la leona dio a luz a un pequeño cachorro, lo miró y exhaló su último aliento. A su lado, la joven oveja, también por la emoción y el miedo, dio a luz a su cordero. El pequeño cachorro tembloroso comenzó a acurrucarse junto a la madre oveja, y ella lo aceptó naturalmente como suyo.

Y así el león creció y se desarrolló entre un rebaño de ovejas. Balaba como ellas, aunque con una voz más gutural y áspera; mordisqueaba la hierba, pero siempre era más rápido, adelantaba al rebaño encontrando brotes verdes frescos y trepaba con agilidad por las ramas de los árboles. Era vivaz, travieso y, por diversión, tiraba de los suaves y rizados mechones de su madre. Un día, el rebaño pastaba en un lugar nuevo y escucharon un rugido helador proveniente de la jungla.

—¿Qué es eso? —preguntó asustado, escondiéndose detrás de la madre oveja.

—Es un león, el rey de la jungla y de todos los animales —respondió ella.

—¿Y yo algún día podré rugir así de fuerte, que la tierra tiemble, los animales huyan despavoridos y las aves batan sus alas subiendo hasta las copas de los árboles?

—¡Deja de fantasear y ponte a comer hierba! Hazte amigo de tus hermanos, eres una oveja y observa bien, porque el peligro acecha de los leones.

El joven león obedeció a su madre oveja, cubierta de un impresionante vellón dorado, y así pasaron algunos años. Hasta que un día, un enorme y verdaderamente majestuoso león salió de caza. Avistó un pequeño rebaño de ovejas y planeó el ataque. El joven león fue el primero en alertar al rebaño y todos echaron a correr. El gran león no podía creer lo que veía, alcanzó al joven león y le rugió:

—¿Por qué huyes de mí? ¡Eres un león, no una oveja! ¡Despierta!

Pero el joven león seguía temblando de miedo y balaba como una oveja llorando. Enfadado, el rey león agarró al joven por la melena y lo arrastró hasta el río. Lo inclinó hacia el espejo del agua y volvió a rugir con voz profunda:

—¡Mírate! ¡Y mírame!

El joven león observó largo rato su reflejo, y una fuerza extraordinaria atravesó su cuerpo. Se irguió y lanzó un rugido tan fuerte, profundo y áspero que los árboles se inclinaron, los animales se quedaron inmóviles a mitad de la carrera y las aves, con las alas extendidas, quedaron suspendidas en el aire. Todo quedó en silencio. El joven rey león, ya calmado, regresó al rebaño, hacia su madre oveja.

—¿Por qué nunca me dijiste que soy un león?

No todo Patito Feo puede transformarse en Cisne. Y no todo cisne puede convertirse en una leyenda. La búsqueda de la propia verdad y de la misión individual es el deber de cada persona. Pintamos durante años el lienzo de nuestra vida, lo desgarramos con ira para luego repararlo cuidadosamente. La vida, en su dimensión metafórica, se parece un poco al Kamasutra: a menudo nos coloca en posiciones físicamente imposibles de sostener, pero puede inspirar a quien tiene imaginación. 

Contenido patrocinado

stats