El terrón de azúcar 2: El capitán del barco y del faro
La periodista y escritora polaca, viguesa adoptada, Grazyna Wasiak Maxwell comparte su historia 'El capitán del barco y del faro'
Un gran buque de guerra navegaba por un mar embravecido, desafiando las olas que rompían con fuerza sobre la cubierta. El viento, la lluvia y la oscura noche daban un toque aún más dramático a la escena. El capitán, con los ojos entrecerrados, escudriñaba fijamente el espacio y, a través de la densa cortina de niebla, divisó a lo lejos una tenue luz rosada. De inmediato, envió una señal de alerta al otro barco:— ¡Atención! ¡Colisión inminente! ¡Cambie su rumbo 10 grados al norte!La luz parpadeó a lo lejos, respondiendo:— ¡Atención! ¡Colisión inminente! ¡Cambie usted su rumbo!El gran capitán del gran buque se acomodó la gorra de capitán en la cabeza y, con gran indignación, respondió rápidamente con una orden:— ¡No! ¡Cambie usted su rumbo 10 grados al norte!El rostro del capitán se puso purpúreo y comenzó a amenazar a su invisible enemigo. Gesticulaba febrilmente y con el dedo índice apuñalaba el aire en dirección a la luz titilante. Sus mejillas se inflaron como sacos vacíos y la espuma de su boca se mezclaba con el oleaje espumoso; parecía concentrar rayos en sus manos, tanto que hasta el mismísimo viento vagabundo se asustó y se escondió tras las oscuras nubes.— Llevo a bordo misiles con ojivas nucleares y mi misión es de extrema importancia. ¡No tiene otra opción, cambie de rumbo de inmediato o lo hundiré!Furioso, el capitán, sin esperar siquiera un mensaje de vuelta, envió de nuevo la advertencia y añadió:— ¡Soy el capitán del mayor buque destructor de toda la flota real!— Y yo soy un faro —llegó la respuesta a través de la densa niebla.
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