Una sencilla prueba identifica el riesgo de muerte con cáncer

Una investigación española abre el camino a un abordaje personalizado de la oncología geriátrica

Paciente del Parque Sanitario Pere Virgili durante una actividad de valoración.
Paciente del Parque Sanitario Pere Virgili durante una actividad de valoración. | EP

Un estudio liderado por el Parque Sanitario Pere Virgili (PSPV) y el Vall d’Hebron Instituto de Investigación (VHIR), publicado recientemente en The Journals of Gerontology: Series A, una de las principales revistas científicas del mundo en gerontología y envejecimiento, ha concluido que una prueba física que se puede realizar en menos más elevado de morir en el plazo de un año, abriendo el camino hacia un abordaje más personalizado de la oncología geriátrica.

La investigación demuestra que la Short Physical Performance Battery (SPPB), una sencilla evaluación basada en el equilibrio, velocidad de la marcha y fuerza muscular de las extremidades inferiores, ofrece una capacidad pronóstica comparable a la de herramientas de valoración de la fragilidad derivadas de evaluaciones geriátricas mucho más completas. Además, se trata de una herramienta objetiva, rápida y fácil de administrar, que puede ser realizada incluso por profesionales sanitarios sin formación geriátrica especializada.

El estudio incluyó 229 pacientes de 65 años o más con cáncer de pulmón, próstata, colorrectal y otros cánceres gastrointestinales, tanto cánceres gastrointestinales, Parque Sanitario Pere Virgili de Barcelona, el Hospital Universitario de Navarra de Pamplona y el Instituto Catalán de Oncología de Girona.

Evaluación de la fragilidad

Al inicio del estudio, los pacientes fueron evaluados mediante tres herramientas distintas de valoración de la fragilidad (SPPB, la herramienta de cribado G8 e Índice de Fragilidad IF-VIG). Posteriormente, los investigadores realizaron un seguimiento durante un año para determinar los resultados de supervivencia.

Observaron que los pacientes identificados como frágiles presentaban más del doble de riesgo de muerte que los pacientes no frágiles, incluso después de tener en cuenta la edad, el sexo, el nivel educativo, la carga de comorbilidad, el estado funcional basal y la localización del tumor primario. “La fragilidad es un indicador mucho más útil que la edad cronológica a la hora de tomar decisiones terapéuticas. Nos permite evaluar la reserva fisiológica y funcional de cada persona y adaptar el tratamiento a su situación real”, explica Marco Inzitari, director general del Parque Sanitario Pere Virgili, corresponsable del grupo de Investigación en Envejecimiento, Fragilidad y Transiciones en Barcelona del VHIR e investigador principal del proyecto PROFIT.

Según el especialista, dos personas de la misma edad pueden presentar una resiliencia muy diferente frente al cáncer y diferentes capacidades para tolerar el tratamiento oncológico. Incluso a una edad avanzada, algunas personas mayores mantienen una buena reserva funcional y pueden beneficiarse de terapias más intensivas, mientras que otras, aunque sean más jóvenes, pueden presentar una fragilidad significativa, lo que hace más apropiadas estrategias terapéuticas menos agresivas, con un mayor énfasis en el confort y la calidad de vida. “Las decisiones terapéuticas no deberían estar determinadas únicamente por la edad o por el tipo y características del cáncer, sino por la reserva fisiológica, la capacidad y el estado funcional de cada persona y su nivel de fragilidad”, subraya Inzitario.

Precisa, rápida y fácil de utilizar

Los investigadores compararon el SPPB con las otras dos herramientas de valoración geriátrica (Índice de Fragilidad IF-VIG y el cuestionario G8). Aunque las tres mostraron una asociación significativa con la mortalidad al cabo de un año, el SPPB y el IF VIG demostraron una mayor capacidad para predecirla que el G8, reforzando su valor como herramientas prácticas de apoyo a la toma de decisiones clínicas en personas mayores con cáncer. En concreto, los pacientes clasificados como frágiles mediante SPPB presentaron más del doble de riesgo de morir que los pacientes no frágiles, mostrando una capacidad pronóstica muy similar a la del IF-VIG, que se basa en una evaluación geriátrica más completa y requiere considerablemente más tiempo y recursos.

El SPPB destacó por su combinación de precisión, rapidez y facilidad de uso, lo que la convierte en una herramienta especialmente valiosa para incorporar la valoración de la fragilidad en la práctica clínica habitual, sobre todo cuando no es posible realizar una evaluación geriátrica integral.

Esta primera publicación valida el papel de las herramientas de valoración de la fragilidad en la toma de decisiones clínicas y pone de relieve la importancia de un abordaje multidisciplinar en la atención a las personas mayores con cáncer. La segunda fase del proyecto evaluará si un programa personalizado de ejercicio físico, combinado con intervenciones nutricionales y otras estrategias de estilo de vida saludable, puede preservar su reserva funcional, reducir la fragilidad y mejorar la calidad de vida.

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