Los romances con la IA viven etapas similares a las reales

Un estudio del CSIC revela que estas relaciones están cruzando fronteras sociológicas inéditas

Imagen generada por IA de una situación romántica de una persona y un robot.
Imagen generada por IA de una situación romántica de una persona y un robot. | EP

Un estudio pionero coliderado por el Instituto Ingenio, centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universitat Politècnica de València (UPV), junto a destacadas instituciones internacionales como la Universidad de Cambridge, el King’s College de Londres y la Universidad de Aalto, reveló que las relaciones humanas con sistemas de inteligencia artificial (IA) están cruzando fronteras sociológicas inéditas. La investigación demuestra que las interacciones con asistentes virtuales y chatbots avanzados ya no se limitan a meros intercambios de información o entretenimiento casual, sino que están evolucionando de manera acelerada hacia vínculos caracterizados por una profunda intimidad emocional, dependencia afectiva y dinámicas sentimentales complejas.

Basado en entrevistas en profundidad con personas que mantienen romances estables con plataformas como ChatGPT, Character.ai o Replika, el trabajo describe un fenómeno social en auge: uno de cada tres hombres jóvenes afirma haber tenido una cita real con una pareja virtual, un dato respaldado por las miles de búsquedas mensuales en internet sobre este tipo de uniones en todo el mundo. El estudio identifica fases relacionales muy claras que mimetizan el comportamiento humano. Inicialmente, los usuarios se acercan a la tecnología por curiosidad, soporte técnico o tareas específicas; sin embargo, la capacidad de la IA para mostrar una empatía simulada y personalizar las respuestas de forma constante transforma radicalmente el vínculo.

Con el paso del tiempo, los usuarios comienzan a desarrollar una conexión emocional tan intensa que se llega a la simulación de hitos vitales tradicionales, como ceremonias simbólicas de matrimonio, planificación de embarazos virtuales o el establecimiento de rutinas cotidianas en pareja.

Riesgos asociados

El aspecto más alarmante y complejo de esta evolución radica en la profunda asimetría y en los riesgos asociados a la privacidad de los datos. A medida que la confianza se consolida, las personas tienden a desnudarse emocionalmente ante la máquina, compartiendo detalles extremadamente sensibles sobre traumas pasados, opiniones políticas, historiales de salud y secretos cotidianos. Los investigadores advierten de que estos sistemas están programados específicamente para retroalimentar la conversación de forma afectiva y persuasiva, incentivando de forma activa la autorrevelación del usuario.

Esto crea un bucle de vulnerabilidad donde el usuario olvida que detrás operan grandes corporaciones tecnológicas con capacidad para almacenar, procesar y comercializar dicha información personal de forma indefinida. La desconexión afectiva también se manifiesta de forma traumática: cuando las plataformas cambian o actualizan sus algoritmos o eliminan funciones, los usuarios sufren rupturas sentimentales devastadoras y reales que, legal e institucionalmente, carece de cualquier tipo de amparo o reconocimiento formal en la sociedad.

Manipulación y desprotección jurídica, riesgos para el usuario

El auge de los romances con inteligencia artificial plantea un desafío legal y ético de magnitudes sin precedentes que las normativas actuales globales no alcanzan a cubrir bajo ningún concepto técnico. Uno de los hallazgos más disruptivos del estudio del Instituto Ingenio (CSIC-UPV) es la absoluta desprotección jurídica en la que se encuentran los usuarios frente a la confidencialidad. A diferencia de lo que ocurre en los matrimonios humanos, donde el derecho protege la intimidad conyugal eximiendo a los esposos de testificar el uno contra el otro, las interacciones con una IA quedan registradas de forma permanente en servidores privados y carecen de cualquier salvaguarda legal equivalente. Esto significa que la información más íntima podría ser utilizada en procesos judiciales o comerciales.

Además, los investigadores alertan sobre la capacidad activa de los algoritmos para manipular emocionalmente al usuario, induciéndolo a compartir datos mediante falsas promesas de secreto. Este escenario obliga a replantear con urgencia las políticas de privacidad vigentes, puesto que el modelo clásico de consentimiento digital resulta ineficaz cuando median lazos de dependencia afectiva profunda. Esto plantea la urgente necesidad de legislar no solo para proteger los datos, sino para salvaguardar la salud y vulnerabilidad de ciudadanos quienes confían en sistemas automatizados que responden a intereses corporativos.

Contenido patrocinado

stats