El perdón

El terrón de azúcar

El perdón.
El perdón.

En una tierra lejana, donde el sol quema la tierra y la lluvia aparece rara vez como una princesa caprichosa, vivían dos muchachos que eran amigos desde el principio de sus vidas. Un día, un beduino viajero con una caravana de veinte camellos les habló de una tierra donde el verdor florece todo el año y el agua brota con fuerza de su fuente, extendiéndose suavemente por toda la tierra. Los muchachos no lo pensaron mucho: reunieron en un hatillo un puñado de dátiles y partieron en busca de ese país de ensueño.

Caminaron durante muchos días por el desierto, exhaustos y hambrientos, cuando de repente empezaron a discutir por algo y se desató entre ellos una gran pelea. Uno de los muchachos golpeó al otro en la cara. El muchacho golpeado sufrió mucho, tanto por el dolor como por la humillación, pero sin decir nada, en silencio escribió con un palo sobre la arena:

“Hoy mi mejor amigo me golpeó en la cara”.

Siguieron caminando, atravesando la sequedad hostil y la arena azotada por el viento. Los espejismos engañosos les prometían una y otra vez el verde de los árboles y el frescor del agua. Finalmente, agotados, llegaron a un verdadero oasis, donde todo era verde y fresco. Después de saciar su sed, decidieron bañarse en un estanque de agua quieta. Pero nadie les advirtió, y el muchacho que había sido golpeado empezó a hundirse en el lodo del estanque. Cuanto más intentaba salir, más lo atrapaba el fango. Exhausto y aterrado, dejó incluso de pedir ayuda y vio cómo la muerte se acercaba. Con su último esfuerzo, levantó la mirada hacia el cielo y estaba a punto de rendirse, cuando escuchó el grito de su amigo, que había torcido sus ropas formando una cuerda y se la lanzó para salvarlo, tirando de él lentamente hasta ponerlo a salvo.

Cuando el muchacho se recuperó del shock, en silencio y con concentración escribió sobre una piedra:

“Hoy mi mejor amigo me salvó la vida”.

El muchacho que, en un arrebato de ira, había golpeado a su amigo pero también lo había salvado de ahogarse, preguntó con curiosidad:

—Cuando te herí en mi enojo, escribiste las palabras en la arena, y ahora las has grabado en piedra. ¿Por qué?

El otro respondió con calma:

—Cuando alguien te hiere, escríbelo en la arena, para que el viento del perdón pueda borrarlo fácilmente. Pero cuando alguien hace algo bueno por ti, grábalo en la piedra, para que ningún viento pueda borrarlo jamás.

Grazyna Maxwell

Grazyna Wasiak Maxwell es una periodista y escritora polaca. Vivió en Londres durante 35 años. Ha escrito dos libros y siempre es muy activa en la Unión de Escritores Polacos de la diáspora. También es una embajadora para los ‘seniors’ de Polonia e intenta crear un mundo más amigable para los jubilados en todos los sitios donde esté. Es una nueva viguesa, totalmente enamorada de la cultura y belleza de Galicia. Se la puede encontrar en clases de muñeira o en una mesa con una copa de godello en la mano, siempre en la compañía de otro ser humano, porque esa es su meditación favorita sobre la vida.

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Grazyna Maxwell. | PhotoHouse.pl

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