Las pequeñas librerías exigen acabar con la “especulación”
Vuelven a estar en el punto de mira tras el cierre de una de las tradicionales, Tipos Infames, en Madrid
Las librerías madrileñas vuelven a estar en el punto de mira tras el cierre de una de las tradicionales, Tipos Infames, la mayoría de ellas, pequeñas negocios que se se dedican a la venta de libros y que exigen políticas “ambiciosas” para ayudar al sector y acabar con “la “gentrificación y la especulación”, que afecta de lleno a este tipo de negocios, especialmente en el centro de Madrid, como es el caso de La Mistral, Alberti, Antonio Machado o Pérgamo.
Así lo expresó Pablo Cerezo, de la librería Pérgamo, quien se mostró “sorprendido” del cierre de Tipos Infames, una librería “referente” en cuanto a su proyecto cultural y filosofía, que revolucionaba “la manera de entenderlas” apostando por un modelo que no se basa solo en la compraventa sino que es “un gran espacio de dinamización cultural”. “Da la sensación de que si cae Tipos Infames estamos un poco más desprotegidos”, trasladó en una declaraciones, en las que señaló que pese a los cierres los números literarios siguen creciendo y lo que amenaza estos comercios es “la vida urbana y la subida de los alquileres”, porque la única manera de tener un negocio es que “sea lo más rentable” y los libros “no lo son”.
Cerezo señaló que necesitan protección, sobre todo en el ámbito de los inmuebles, ya que abordan los mismo retos que otros, que es “que el capitalismo depreda todo”. En su caso, regenta este negocio desde hace tres años y medio si bien el proyecto como tal de Pérgamo cumple 80 años. No necesitan, a su juicio, tantas ayudas para digitalizar los negocios sino “que se apliquen políticas ambiciosas sobre el suelo” al enfrentar un reto “que es mayúsculo”.
Antonio Machado
Aldo García, por su parte, es el propietario de la librería Antonio Machado, en la plaza de las Salesas, próximo al paseo de Recoletos, y señaló que el caso de Tipos Infames se debe a una cuota de alquiler que es “insostenible” pese a tener a su clientela del barrio. “Las librerías somos un bien preciado pero muy delicado. Somos como un ser que está andando por andamios o sobre pequeños soportes de madera, en cuanto nos hacen la zancadilla, nos caemos”, señaló.
Es por ello que puso el foco en la importancia de que se den ayudas a las pymes, que son la mayoría de las librerías. “Madrid, además, como en todas las ciudades grandes de España, los locales son muy caros porque suelen estar en el centro y en la mejor zona de la ciudad. No tenemos ningún tipo de ayudas”, recalcó.
En su caso, la librería Machado lleva abierta desde el año 71 y vivieron un caso parecido cuando llevaban alquilados 52 años en otro local de la calle Fernando VI número 17 pagando una cuota que les “subieron un 100%”. “Nosotros lo que hicimos fue comprar el local”, dice del establecimiento que regentan ahora, próximo al antiguo.
Una de las librerías más clásicas de Madrid es la Alberti, en la calle Tutor y abierta desde 1975, y ahora con Lola Larumbe al frente. Ella pone el foco en la necesidad de contar con un apoyo “firme” al pequeño comercio fomentando también la vida en los barrios.
“Estamos viendo cómo los locales comerciales se están convirtiendo en apartamentos turísticos. A todas las instituciones se pide que defiendan ese tejido comercial donde puedan coexistir y convivir actividades como una librería, una tintorería, una papelería, una panadería pequeña e independiente y que no sea una cadena”, señaló, frente a la “especulación que está echando de los barrios a los vecinos”. Además, Larumbe recalcó que el cierre de una librería es “siempre una mala noticia para todos” y subrayó su papel como puntos de “humanidad, sociabilización, pensamiento libre y encuentro”.
Mistral
La dueña de La Mistral -en pleno centro de Madrid ubicada en la travesía del Arenal-, Andrea Stefanoni, valoró que que cierre una librería les “afecta a todos” porque es “una tristeza colectiva”. “Es una verdadera pena que Tipos Infames desaparezca. Eran tres libreros generosos, inteligentes y sensibles. No solo vendían libros, sabían recomendarlos, acompañar lecturas, crear comunidad”, incidió.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último