Pelicot a las mujeres: “No tengáis vergüenza, hablad”

La francesa recibió en Madrid la Encomienda de la Orden del Mérito Civil de manos de Sánchez

Gisèle Pelicot, la francesa icono feminista tras los abusos sufridos por su marido.
Gisèle Pelicot, la francesa icono feminista tras los abusos sufridos por su marido. | EP

La francesa Gisèle Pelicot, víctima de violaciones organizadas durante una década por su exmarido Dominique Pelicot (condenado a 20 años de prisión), asegura que su “estatus de víctima” terminó tras el juicio y anima a las mujeres que sufren violencia sexual a no sentir “vergüenza ni culpa” y a “hablar”.

Durante el proceso en Aviñón en septiembre de 2024 pronunció la frase “la vergüenza debe cambiar de bando”, que se convirtió en un lema del movimiento feminista internacional y que ya había utilizado en 1974 la abogada Gisèle Halimi. “La vergüenza la llevé encima de mí durante todo este juicio” y “no tenemos que tener vergüenza y no somos culpables de absolutamente nada, hablad”, insiste, al tiempo que subraya la necesidad de estar acompañadas y no aislarse.

Explica que necesitaba “terminar, reapropiarme de mi vida, reinventar mi vida” tras el proceso judicial, y defiende que poner fin al juicio también marca el final de ese papel de víctima. “Necesito pensar que mis 50 años de matrimonio no han sido una mentira”, señala, convencida de que aferrarse a los recuerdos positivos forma parte de su reconstrucción personal.

Ayer recibió en Madrid la Encomienda de la Orden del Mérito Civil de manos de Pedro Sánchez, un reconocimiento que considera “un gran honor”. Destacó que “Francia coge mucho ejemplo de España” en materia de violencia sexual y elogia la ley del consentimiento, al afirmar que en España el debate social y legislativo resulta más avanzado.

En su libro “Un himno a la vida (Lumen)” relata el impacto personal y familiar del juicio contra su exmarido y otros 50 hombres acusados de violarla durante años después de que él la drogara para facilitar los abusos, hechos que ella desconocía en ese momento. Reconoce que en su juventud no se sentía “sumamente preocupada por el feminismo” y que nunca se consideró una “feminista radical”, ya que su prioridad era su familia y su entorno.

Acusados sin protección

Sin embargo, cree que su decisión de celebrar el juicio en audiencia pública evita que los acusados quedaran “protegidos” y aporta “un pequeño granito de arena” al movimiento feminista al visibilizar una violencia que muchas mujeres sufren en silencio.

Afirma sentirse hoy más implicada y “preocupada” por estas cuestiones, aunque rechaza la etiqueta de “heroína” y se define como “una despertadora de conciencias”. Sostiene que su historia “hace eco” porque muchas mujeres se sienten identificadas con su sufrimiento. Reconoce el profundo dolor vivido (“he atravesado el horror”) y lamenta que “ni uno de ellos tuvo pena ni se sintió mal por mí, ninguno de ellos denunció”, algo que califica de “barbarie”.

Aun así, asegura que logra levantarse y reconstruirse, y que no vive con ira ni con cólera, aunque sí con indignación por la traición sufrida. “He podido levantarme, reconstruirme. Es un mensaje de esperanza”, concluye, convencida de que romper el silencio y apoyarse en otras personas resulta fundamental para superar la violencia.

La sumisión química como una forma de dominación masculina

Gisèle Pelicot denuncia que su exmarido, Dominique Pelicot, la sometió durante años mediante sumisión química, lo que califica como “un tipo de violencia” y “dominación masculina”. A pesar de su independencia y libertad, él encontró la manera de controlarla, un comportamiento que, según ella, refleja aspectos de la masculinidad y que a menudo no se denuncia. Sin embargo, Pelicot advierte de no generalizar sobre todos los hombres y apunta que su libro busca cambiar la percepción sobre el comportamiento de hombres y mujeres para “vivir juntos en armonía”.

Desde los 15 años se preguntó cuál era su “misión en este planeta”, y afirma que la respuesta la recibió el 2 de septiembre de 2024 al enfrentarse al juicio público, que abrió los abusos al escrutinio y evitó la puerta cerrada. En su libro también relata que su hija, Caroline Darian, sospecha que su padre pudo haber utilizado sumisión química con ella, y que su nieto Nathan denunció a Dominique Pelicot por agresión sexual en su infancia. Tras el proceso, la relación familiar se reconstruyó y volvió a un estado de “paz”.

Pelicot asegura que el libro permitió a su familia conocer su sufrimiento, algo que antes no compartía, ya que siempre se mostró como “una roca” para protegerlos. Concluye que esta obra es un mensaje de “amor y esperanza”, mostrando cómo es posible superar la violencia, proteger a los hijos y reconstruir la vida tras experiencias traumáticas.

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