Una pandemia silenciosa: España, líder en consumo de benzodiacepinas

Detrás del país que cuenta con una mayor dependencia de los ansiolíticos e hipnóticos se esconde un sistema de salud que medicaliza de una forma sistemática el malestar cotidiano

Benzodiacepinas.
Benzodiacepinas. | EP

Millones de personas en España inician o terminan su jornada destapando un blíster de lorazepam, diazepam, alprazolam o clonazepam. Nombres químicos que se han integrado en el lenguaje común como si fueran complementos vitamínicos sin serlo. Nuestro país es el que tiene el mayor consumo de benzodiacepinas del mundo, según los informes de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Los datos más recientes del Ministerio de Sanidad alertan de un consumo de cerca de 110 dosis diarias por cada mil habitantes. Un reciente estudio de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) revela que el 22% de la población adulta consume habitualmente estos fármacos y, de ellos, 4 de cada 10 los toman de forma diaria. Lejos de ser un consumo marginal, las benzodiacepinas se consolidan como la tercera sustancia adictiva más común del país, solo superada por el alcohol y el tabaco.

El doctor José María Lomba Borrajo, psiquiatra ourensano, alerta sobre dos realidades que coexisten actualmente: una sociedad hipermedicalizada, y una epidemia silenciosa de ansiedad mal gestionada. “Hay trastornos que necesitan tratamiento y situaciones de malestar cotidiano que reciben una respuesta excesivamente farmacológica. Una separación, un duelo o la incertidumbre laboral pueden producir sufrimiento sin constituir, por sí mismos, una enfermedad”, explica.

Las benzodiacepinas son medicamentos muy eficaces a corto plazo. Los protocolos clínicos internacionales establecen que estos fármacos no deben prescribirse durante más de 2 a 4 semanas debido a su altísimo potencial de adicción y a la necesidad de dosis cada vez más altas para lograr el mismo efecto. “Son útiles en crisis de ansiedad intensas e incapacitantes y en determinados casos de insomnio grave, durante periodos breves”, puntualiza Lomba Borrajo.

La también ourensana Paloma Cabaleiro, doctora en Psicología, psicóloga sanitaria, neuropsicóloga clínica y entrenadora acreditada de la terapia de reprocesamiento por movimientos oculares, añade que, a ese respecto, en caso de que se prescriba medicación, es imprescindible combinarla con la terapia psicológica, dado que “es el trabajo de base del problema, implementar recursos de regulación emocional, un buen autocuidado y muchos otros aspectos que harán que en el paciente vayan remitiendo los síntomas”, explica. Desde el punto de vista de esta profesional, cuando acostumbramos al cerebro a apagarse con química ante la mínima frustración o tristeza le estamos enseñando que sentir no es algo normal, que es algo malo. “Precisamente a sentir se aprende sintiendo”, puntualiza.

Respecto a si la psicología está preparada para absorber esa demanda, Cabaleiro reconoce que falta mucho para cubrir con especialistas, tanto en el ámbito público como en el privado, las demandas de la población. “Además no todo vale en la atención psicológica, requiere de formación continua”, explica, a la par que alerta sobre el peligro del intrusismo profesional en el ámbito de la salud mental. “El psicólogo no es el amigo, no es el cura en el confesionario, ni es por suerte ChatGPT o Gemini. Requiere de mucha formación y experiencia para poder ayudar de forma respetuosa y exitosa”, concluye.

Mujer y tercera edad

El perfil del consumidor habitual de ansiolíticos e hipnóticos en España tiene un marcado componente demográfico y de género. El 67% de los envases de benzodiacepinas en España se prescribe a mujeres, principalmente para atajar cuadros de ansiedad e insomnio crónico. “En este momento, las mujeres siguen asumiendo una proporción mayor en el cuidado de hijos y familiares dependientes, el trabajo doméstico, la organización familiar diaria... y no se llega a todo de forma exitosa, y si se llega, la mayor parte de las veces tiene esa carga mental, de momento, el dato apunta a una cuestión de roles”, explica la doctora Cabaleiro. La precariedad laboral, la brecha salarial, la mayor dependencia económica, el acoso laboral o sexual y la violencia de pareja hacen que aumente la preocupación o la ansiedad anticipatoria.

Jóvenes y soledad

Respecto a los jóvenes, considera que también hay un problema grave. “En la era de la conexión tecnológica, hay mayores tasas de soledad que nunca. Los jóvenes viven solos en sus habitaciones... en la calle con los móviles, o en las casas, en las que hay una tele por estancia. No hay comunicación, ni entienden el lenguaje no verbal, aunque ahora ‘farmeen aura’”, explica.

En lo que se refiere a las franjas de edad, más de una cuarta parte de la población mayor de 65 años consume estas benzodiacepinas de forma prolongada. En este grupo, el consumo crónico está directamente asociado con la pérdida de memoria, problemas de atención y caídas recurrentes que derivan en fracturas graves.

Frente a este escenario alarmante, ya se están articulando los primeros diques de contención. Diversas comunidades autónomas e instituciones universitarias están implementando programas piloto de desprescripción dirigida. Estos proyectos dotan a los profesionales de Atención Primaria de herramientas y guías específicas para planificar la retirada paulatina y segura de estos fármacos en pacientes crónicos.

“El sistema facilita prescribir un medicamento más que dedicar tiempo a escuchar, comprender y acompañar. Cuando el acceso a psicoterapia es limitado, las alternativas existen sobre el papel, pero no siempre están disponibles a tiempo. La respuesta debe ser reforzar Atención Primaria: más profesionales, tiempo de consulta, continuidad asistencial y acceso ágil a intervenciones psicológicas. Escuchar también es tratar, y necesita recursos”, concluye José María Lomba.

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