León XIV reclama un mundo “sin murallas” y exige a las mafias que abandonen el tráfico de migrantes

El pontífice pide frenar la explotación de personas vulnerables y defiende una integración basada en la acogida, la dignidad y el encuentro entre culturas

El papa León XIV con un bebé durante un encuentro con las realidades de integración de los migrantes, en la Plaza del Cristo de La Laguna.
El papa León XIV con un bebé durante un encuentro con las realidades de integración de los migrantes, en la Plaza del Cristo de La Laguna. | Eloísa Pérez

El papa León XIV lanzó este viernes un contundente mensaje contra las redes de tráfico de personas durante un acto celebrado en la plaza del Cristo de La Laguna, donde reunió a más de 2.000 asistentes y escuchó los testimonios de migrantes y organizaciones dedicadas a la acogida.

El pontífice instó a quienes se lucran con la desesperación de las personas migrantes a abandonar esas prácticas y rectificar. “Deténganse, conviértanse”, afirmó, al tiempo que advirtió de que el beneficio económico obtenido a costa de la vulnerabilidad de los más pobres no puede proporcionar “paz, honor ni futuro”.

En su intervención, subrayó que quienes organizan estas redes deberán responder por sus actos y les animó a romper con esas dinámicas de explotación mientras todavía exista la posibilidad de reparar el daño causado.

“Las murallas más difíciles están en la indiferencia”

León XIV aprovechó su visita para reivindicar una sociedad abierta y acogedora. A su juicio, los principales obstáculos para la convivencia no siempre son físicos, sino que se encuentran en actitudes como el miedo, los prejuicios o la indiferencia.

Tomando como referencia el carácter histórico de La Laguna, destacó que una “ciudad sin murallas” debe ser también un espacio donde los corazones se abran a quienes llegan buscando una nueva oportunidad.

El papa defendió que la integración no consiste en renunciar a la identidad de origen, sino en un proceso de enriquecimiento mutuo. Según explicó, quien llega aprende a desenvolverse en una nueva realidad, mientras que la sociedad receptora amplía sus horizontes sin perder sus propias raíces.

La integración debe ir más allá de la asistencia social

Durante su discurso, el pontífice recordó que las personas migrantes necesitan recursos básicos como vivienda, empleo, protección o aprendizaje del idioma, pero insistió en que también requieren sentirse parte de una comunidad.

En este sentido, pidió a los católicos que la acogida no se limite únicamente a una labor asistencial, sino que incluya espacios de acompañamiento humano y espiritual. Asimismo, remarcó que la vida de quienes migran no puede ser considerada un “descarte” y que su dignidad permanece intacta pese a las dificultades sufridas durante el viaje.

Alertar contra el “segundo naufragio” de la soledad

León XIV mostró una especial preocupación por lo que definió como un “naufragio silencioso”: la situación de quienes logran llegar a destino pero se encuentran aislados, sin redes de apoyo, sin empleo y sin conocimiento del idioma.

Para el papa, evitar esa exclusión constituye una forma esencial de misericordia. Integrar, afirmó, significa ayudar a que las personas puedan reconstruir su vida, recuperar la confianza y aportar sus capacidades al conjunto de la sociedad.

En la parte final de su intervención, tuvo también palabras de reconocimiento para los migrantes procedentes de Latinoamérica, Filipinas y otros lugares del mundo, destacando que contribuyen a enriquecer y renovar las comunidades que los reciben. Además, invitó a los fieles a aprender de ellos y a valorar la aportación humana y cultural que realizan allí donde se establecen.

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