El legendario Egipto de los faraones… que nunca existió
Un nombre extranjero para el país del Nilo y una denominación para los reyes que jamás utilizaron de forma oficial en los más de 3.000 años que duró la civilización
Seguramente sonará llamativo el título, “El Egipto de los faraones… que nunca existió”, pero es exactamente así. Egipto nunca se llamó de esa manera, salvo por los extranjeros, y entre los títulos de sus soberanos jamás se encontró el de “faraón”. Vamos por partes.
Los egipcios conocían su país como Kemet, que se traduce como la Tierra Negra, por el color de la zona habitable de cultivos, el valle y el delta del Nilo, donde es posible la vida. El resto es el desierto, palabra que procede de la egipcia “deseret”, la Tierra Roja. El nombre Egipto llegó como casi todo a través de los viajeros griegos que comenzaron a visitar el país para abrir vías de comercio. Una de las capitales se encontraba en la ciudad de Menfis (en realidad Men Nefer, la Belleza Permanente), en donde se hallaba el templo dedicado a Ptah, que era al mismo tiempo el Dios de la oscuridad y el de los artesanos. Como curiosidad, su representación icónica resulta tremendamente familiar: es casi igual que la figura de los Oscar, aunque con un curioso casco en la cabeza.
El templo de Ptah se llamaba Hat-Ka-Ptah, la Casa del Alma del Dios, que los griegos tradujeron por Aekaptos y los romanos por Aegipto o Egipto. Pero para los propios egipcios su país siempre fue Kemet o Las Dos Tierras, por el Alto y Bajo Nilo, unificadas hacia el año 3.100 antes de Cristo. O quizá antes, a tenor de los últimos descubrimientos, que han hecho retroceder la fecha fundacional hasta lo que ahora se conocen como las dinastías 0 y 00. En la actualidad, tampoco el nombre oficial es Egipto, sino Misr: poviene de lenguas semíticas y suele traducirse como «país», «fortificado» o «estrecho». En la tradición árabe, se asocia tradicionalmente con Mizraim, nieto de Noé. Es el nombre con el que los egipcios y los hablantes de árabe denominan cotidianamente a su país, en contraste con el término occidental Egipto, que para los locales continúa siendo un topónimo extranjero.
¿Faraón?
Egipto, por tanto, no existía para los habitantes del Nilo. Y tampoco había faraones. Y este es un dato objetivo: no existe ninguna representación oficial que se refiera a los reyes con ese título tan famoso. Los nombres de los monarcas del Doble País del Alto y Bajo Nilo aparecían siempre dentro de un “cartucho”, un óvalo característico. Contaban con dos denominaciones: la de nacimiento y la de coronación. La primera incluía el epíteto “Hijo de Ra”. La segunda, “Señor de las Dos Tierras”. A veces había una tercera, “El de la caña y la abeja”, para referirse una vez más al doble país, al Alto y Bajo Kemet. Pero nunca Faraón, que solo comenzó a utilizarse de forma popular a partir de la Dinastía XVIII, en el Imperio Nuevo, entre los siglos XV-XII antes de Cristo.
Faraón procede de la expresión Pher-Aa, que se traduciría como Casa Grande. Así comenzaron los egipcios a referirse primero al palacio real de Luxor-Tebas, donde residían el rey y su familia, y más tarde a su titular. Nació a consecuencia la expresión “el Faraón dice”, como ahora, “la Casa Blanca dice” o “La Moncloa asegura”. Sobre todo, con Hatshepshut, una mujer de la dinastía XVIII que decidió dejar de ser consorte de Tutmosis II y más tarde regente de su sobrino, Tutmosis III, para convertirse en reina titular, representándose con aspecto masculino, como rey, y como hija del Dios Amón.
En el antiguo testamento
El sobrino de Hatshepshut, Tutmosis III, continuaba siendo oficialmente el monarca, pero sin poder real, que no logró hasta que falleció su tía. Curiosamente, su largo período a la sombra de la reina le valió para formarse entre los sacerdotes y en el ejército, convirtiéndose después en el mayor de los reyes de Egipto, expandiendo el reino por el sur hasta Nubia, la actual Sudán, y por el Norte hasta Israel, como el “Napoleón” egipcio, como fue denominado por los historiadores.
El propio Tutmosis acabaría entrando en el Antiguo Testamento al plantar batalla en una colina llamada Ar Meggido a una coalición de reyes hebreos y semitas, que fue severamente derrotada y tuvo que rendirse ante el poder de las armas del Nilo. Ar Meggido se convirtió en Armaggedon, el lugar donde el libro del Apocalipsis fijó la batalla final entre el bien y el mal. Es un lugar real, un sitio histórico y arqueológico que todavía puede ser visitado hoy, una colina conquistada por uno de los más grandes hijos de Ra, señor de las dos tierras.
En busca de Cleopatra y Nefertiti, las reinas del Nilo
Todavía hay mucho por descubrir bajo la tierra seca egipcia, donde las tumbas de sus reinas más famosas están todavía por localizar: Cleopatra y Nefertiti. La primera estaría en el templo de Taposiris Magna, cerca de Alejandría, según mantiene la arqueóloga dominicana Kathleen Martínez, quien lleva 20 años sin resultados concluyentes. Cada cierto tiempo anuncia un avance, pero nunca definitivo. El polémico Zahi Hawass, durante años el máximo responsable del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, sostiene que se encuentra en la ciudad de Alejandría, quizá bajo el mar.
En cuanto a Neertiti la búsqueda se ha concentrado nada menos que en el Valle de los Reyes, y en concreto en su sepulcro más famoso, el de Tutankhamón. En septiembre de 2026, estudios de microgravimetría, georradar y resistencia eléctrica realizados por un equipo liderado por el exministro Mamdouh Eldamaty detectaron de 5 a 6 posibles cámaras o corredores ocultos. Estas cavidades se encuentran entre 25 y 30 metros al norte de la tumba de Tutankamón y se cree que son anteriores al joven faraón. La teoría del egiptólogo Nicholas Reeves sugiere que la pequeña tumba de Tutankamón podría ser parte de una estructura funeraria mucho mayor que pertenecería a Nefertiti. ¿Entonces? El asunto avanza: ya se han notificado los hallazgos y solicitado los permisos al Consejo para evaluar si se procede a la excavación o perforación. Pero no todos están de acuerdo. De nuevo Zahi Hawass se ha desmarcado: discrepa radicalmente y ha centrado esfuerzos en buscar la momia de Nefertiti en el sector oriental del Valle de los Reyes, evaluando candidatas como las momias KV21 a y KV21 b. Estas se corresponderían con mujeres que podrían encajar con el perfil de la reina, esposa de Akenatón y probable madrastra de Tutankhamón.
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