La flor de la pasión
Son plantas sumamente hermosas, aromáticas, grandes y también solitarias
La flor de la pasión o Passiflora, conocida también como pasionaria, es un arbusto trepador de varios metros de longitud, originario de Sudamérica. Pertenece a la familia de la Pasifloráceas y está formado por cientos de especies diferentes, caracterizadas todas por su belleza, colorido y exotismo. En Galicia se encuentran especies cultivadas, subespontáneas o naturalizadas.
Etimológicamente, su nombre, derivado del latín flos passionis, se debe a los misioneros que, inspirados en la cultura popular, identificaron las diversas partes de la flor con los distintos atributos religiosos de la Pasión de Cristo. Así los zarcillos recuerdan el látigo con el cual fue flagelado. El pistilo representa la columna de la flagelación. Sus tres estilos son los clavos con los que fue crucificado. Las cinco anteras, de color amarillo, representan las cinco llagas. La corola radial, situada sobre los pétalos, es la corona de espinas. El ovario y su base simboliza el cáliz de la Útima Cena. Las semillas, rojizas, son las gotas de sangre que brotaron de las heridas de su cuerpo.
Una de las especies presentes en nuestra tierra es la Passiflora caeruela o flor de la pasión azul, planta de raíz perenne de cuyo tallo, leñoso, brotan numerosas hojas, de color verde oscuro, normalmente divididas en cinco lóbulos, a partir de las cuales se desarrollan los zarcillos mediante los cuales consiguen trepar. Florece en verano. Sus flores blanco azuladas poseen una característica corona central constituida por filamentos purpúreos de color blanco, púrpura y morado. Son sumamente hermosas, aromáticas, grandes y solitarias. Su cáliz está formado por cinco sépalos de color verde en el exterior y blanquecino en el interior. Se posicionan de manera alterna a los cinco pétalos blanquecinos. Sus frutos, en forma de baya, son inicialmente de color verde y cuando maduran en el otoño de color amarillo o anaranjado; son muy vistosos y contienen una pulpa comestible, aunque insípida, y numerosas semillas. Son alimento de animales silvestres.
La pasionaria se utiliza tanto con fines medicinales, por sus propiedades terapéuticas, como ornamentales dada la belleza de sus flores. La infusión se elabora poniendo aproximadamente una cucharilla de las partes aéreas de la planta, que previamente se han recogido y secado, en un poco de agua hirviendo. Después de dejarla reposar se puede tomar hasta cuatro veces al día. Se le atribuyen propiedades sedantes, por lo que es utilizada en casos de insomnio, de migrañas, fatiga muscular y crisis leves de ansiedad. Con este último fin se usó durante la Primera Guerra Mundial. Asimismo, disminuye el ritmo cardíaco y la tensión arterial, motivo por el que es recomendado su consumo en caos de hipertensión. Dado que puede causar somnolencia, no es aconsejable conducir inmediatamente después de haberla tomado.
Su consumo alivia también los síntomas premenstruales. Reduce los dolores provocados por los cólicos intestinales y evita la diarrea. Las cataplasmas de esta planta son eficaces en la cura de heridas, hemorroides y quemaduras. De todos modos, aunque los efectos secundarios son escasos, se recomienda consultar con el médico antes de su uso.
En Galicia pueden encontrarse también otras especies cultivadas como la Passiflora coccinea, la Passiflora quadrangularis, la Passiflora violacea, la Passiflora vitifolia, ya que el terreno es idóneo para su crecimiento. También la Passiflora edulis, encuentra aquí condiciones aptas para su desarrollo, tales como el grado de humedad, los nutrientes orgánicos y el sol necesario para su floración. Es muy apreciada por sus frutos comestibles, conocidos como maracuyá, el cual se utiliza también para la elaboración de dulces, helados, mermeladas, cócteles y zumos. Este fruto debe consumirse siempre y solamente cuando está maduro.
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