Un error en los cables frustra la misión del satélite Ingenio

Sociedad

El consorcio Arianespace, operador del cohete confirma "una cadena de fallos" en su montaje

Marta Garde
Publicado: 18 nov 2020 - 01:33
Lanzaiento del cohete de Arianespace desde Kurú.
Lanzaiento del cohete de Arianespace desde Kurú.

n n n El fracaso en el lanzamiento del satélite español de observación terrestre Seosat-Ingenio y del francés Taranis a bordo de un cohete Vega se debió a una sucesión de errores humanos que llevaron a que se invirtiera la conexión de unos cables en el momento de la construcción del lanzador. La investigación se encuentra en una fase preliminar, pero, con los datos ya disponibles, el consorcio espacial Arianespace, operador del Vega, dejó claro que no hubo un problema de diseño, sino "una cadena de fallos" en su montaje.

El cohete despegó según lo previsto a las tres de la mañana España desde el puerto espacial de Kurú, en la Guayana francesa, y desde su lanzamiento hasta la separación de los satélites iba a pasar una hora y 42 minutos.

Todo fue acorde a lo programado durante la primera parte del vuelo. Pero "ocho minutos después del despegue, tras la ignición del motor AVUM de la etapa superior, se detectó un desvío en la trayectoria que provocó una pérdida de control del vehículo y por tanto la pérdida de la misión", detalló la empresa en un comunicado.

El director general de Arianespace, Stéphane Israël, insistió a la prensa desde Kurú que ese problema relacionado con la integración del sistema de activación se justifica por errores humanos de los que se deberá investigar por qué no se detectaron a tiempo. "Vamos a examinar mejor el fallo. Lo entenderemos, lo corregiremos y volveremos más fuertes después de esa corrección", añadió en una declaración telefónica en la que no se admitieron preguntas.

Hasta ese problema en la cuarta fase, el lanzamiento se desarrollaba perfectamente y el cohete lanzador cayó en la zona deshabitada prevista, recalcó el comunicado.

IBA FOTOGRAFIAR LA TIERRA

El satélite Seosat-Ingenio, considerado el mayor proyecto espacial desarrollado hasta ahora por la industria espacial española, tenía previsto observar la Tierra durante los próximos siete años, aunque llevaba combustible para diez.

Estaba desarrollado para ser capaz de acceder y tomar imágenes de cualquier punto de la superficie terrestre cada tres días, por lo que iba a resultar especialmente útil para elaborar mapas de desastres naturales impredecibles, como inundaciones o incendios forestales, así como para ayudar a comprender el cambio climático.

Por su parte, Taranis, del Centro Nacional francés de Estudios Espaciales (CNES), hubiera sido el primer satélite en observar, durante como mínimo dos años, los fenómenos luminosos y electromagnéticos asociados con las tormentas eléctricas.

Ambos iban a estar en una órbita "heliosíncrona", siguiendo la dirección del sol como si fueran un girasol, a una altitud respectiva de 670 kilómetros en el caso del español y de 700 en el del francés.

El satélite español podría haber sido capaz de tomar hasta 600 imágenes diarias con una resolución de 2,5 metros: sus cámaras de última generación podrían haber distinguido una moneda de 1 euro a 10 kilómetros de distancia.

Una inversión de 200 millones que implicó a la industria española

Cien por cien español, la misión estaba financiada por el Centro Español para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) del Ministerio de Ciencia e Innovación, pero se enmarcaba a su vez en una sofisticada arquitectura europea de observación de la Tierra.

Con un coste que ronda los 200 millones de euros -incluido el lanzamiento- el diseño y construcción del "Ingenio" y de todos los instrumentos de los que estaba dotado ha implicado durante años a las principales empresas del sector aeroespacial español.

El contratista principal era Airbus Defence & Space España, pero en el consorcio se habían implicado las compañías más importantes del sector aeroespacial español: CRISA, Deimos Space, GMV, GTD, HV Sistemas, Iberespacio, INDRA, SENER o Thales Alenia Space. Pero implicaba además a numerosos organismos públicos, y entre ellos al Instituto Nacional de Técnica Espacial (INTA) del Ministerio de Defensa y que se iba a encargar desde sus instalaciones en Torrejón de Ardoz (Madrid) del control de la misión, de las comunicaciones y del procesamiento de datos.

El INTA iba a tomar el control de la misión tras las primeras fases, las de lanzamiento y colocación del satélite en la órbita que estaba prevista, y para ello estaban ya preparadas las estaciones de Torrejón de Ardoz y las de Maspalomas (en Canarias), además de una comunicación "adicional" situada en Svalbard, en Noruega.

Tras el fracaso, el ministro español de Ciencia e Innovación, Pedro Duque, lamentó la pérdida de la misión, pero valoró las tecnologías que se han desarrollado gracias a ese satélite.A su juicio, esos desarrollos tecnológicos van a servir para que las empresas españolas puedan acceder a nuevas contrataciones.n

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