Ana Orantes, una denuncia valiente que lo cambió todo
El crimen lo cometió su exmarido después de que la víctima relatara el maltrato que sufría en televisión
Ana Orantes fue asesinada hace 25 años, el 17 de diciembre de 1997, por su exmarido, José Parejo. Pocas semanas antes, ella había relatado en Canal Sur los 40 años de maltrato que había vivido junto a su verdugo, de quien había logrado divorciarse, pero con quien se veía obligada a convivir por orden judicial. Ese asesinato cambió la percepción de España sobre la violencia machista, en palabras de la entonces directora del Instituto de la Mujer y actual consejera de Familia, Juventud y Política Social de la Comunidad de Madrid, Concepción Dancausa, quien recuerda aquella fecha como una “conmoción”.
Hasta aquel momento, relata Dancausa, la violencia de género “no tenía relevancia en los medios”. “Se hablaba poco, se sacaban excepcionalmente los casos e incluso se ponía en duda si la mujer no tendría algo de culpa”. La hemeroteca demuestra que esto último también le pasó a Ana Orantes. “Una fuerte discusión precedió a la última acción”, contó aquel 17 de diciembre un diario de tirada nacional, que explicaba que la aparición de la víctima en televisión “provocó las iras de su ex marido”. “José P.A. ha declarado que los hechos sucedieron cuando se encontraba limpiando maquinaria agrícola y fue insultado por Ana Orantes. Acto seguido, en un arrebato, atacó a su mujer y le prendió fuego”, relató dando voz a la versión del asesino.
María Escudero, que en 1997 dirigía el centro provincial del Instituto Andaluz de la Mujer en Granada, provincia donde residía y fue asesinada Orantes, critica que algunos medios “trataran de justificar” al asesino, a quien se le eximió del agravante de ensañamiento en la sentencia. “En cantidad de medios se la culpabilizó a ella”, lamenta Escudero, quien apunta que ésta no era la única práctica cuestionable que se utilizaba a la hora de hablar de la violencia de género.
SUPERAR LA DIMENSIÓN PRIVADA
Relegar ésta al ámbito familiar y privado también era muy habitual, así como minimizar lo ocurrido o tratar los casos como si fueran un suceso más.”Bajo el aguacero, el féretro de la víctima número 59 de la violencia doméstica en 1997 recibió un largo aplauso”. Así se refirió otro reconocido medio escrito a Ana Orantes durante su funeral, aludiendo al carácter “doméstico” del crimen.
Una televisión nacional habló de “un hecho del todo reprobable”. “Convierte a su ex en una antorcha tras 40 años de vejaciones”, tituló otro diario, con la noticia en la sección de “sucesos”. Para el entonces vicepresidente del Gobierno, el popular Francisco Fernández-Cascos, el asesinato de Ana Orantes fue un “caso aislado obra de un excéntrico”.
Cuando Orantes fue asesinada, relata Escudero, “todavía no se había logrado trasladar a los poderes públicos que estábamos ante un problema estructural de la sociedad que debía dejar de ser privado para ocupar el primer plano de la agenda pública”. “Gracias a Ana la gente puso cara a lo que estaba pasando”, asegura Escudero. Tres meses después del asesinato, en marzo de 1998, el Gobierno aprobó su primer plan de acción contra la violencia doméstica.
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