Altamira exhibe los restos de los bisontes pintados en sus cuevas

Sociedad

"Kiputz. Un abismo en la Prehistoria" recoge los restos paleontológicos más importantes del país

agencias
Publicado: 31 mar 2021 - 02:17 Actualizado: 01 abr 2021 - 02:36
La exposición temporal "Kiputz. Un abismo en la Prehistoria", en el Museo Nacional de Altamira.
La exposición temporal "Kiputz. Un abismo en la Prehistoria", en el Museo Nacional de Altamira.

El Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira muestra los huesos más fidedignos de los bisontes pintados en su cueva con la exposición temporal "Kiputz. Un abismo en la Prehistoria", que une las historias de este yacimiento vasco con las pinturas de la cavidad de Santillana del Mar (Cantabria).

La muestra, que abrirá sus puertas al público el 1 de abril y se podrá visitar hasta el 4 de julio, es fruto de la colaboración de la institución museística cántabra con el Museo San Telmo de Donostia, Gordailua y la Sociedad de Ciencias Aranzadi. Presenta los resultados de las investigaciones de este yacimiento de Mutriku (Guipúzcoa), donde se recuperaron los conjuntos paleontológicos más importantes de reno y bisonte de la península, destacando un cráneo de bisonte estepario, protagonista de los polícromos de Altamira, y que ahora se expone en la sala temporal de su museo.

Al acto de presentación de la muestra asistieron la directora del Museo Altamira, Pilar Fatás; los comisarios de la exposición, Pedro Castaños y Xabier Murelaga; la directora del Museo San Telmo, Susana Soto; el responsable del centro Gordailua, Carlos Olaetxea; el secretario general de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, Juantxo Agirre-Mauleon; y el alcalde de Mutriku, Joseba Palenzuela.

La muestra, que se inicia con el lienzo "Todo lo sólido se desvanece en el aire II" (2014), de Jesús Mari Lazkano, sumerge al público en la estampa gélida que caracterizó el paisaje de la cornisa cantábrica durante el último gran invierno. En ese momento, el mar retrocedió unos 18 kilómetros, descubriendo una inmensa estepa a menudo cubierta de nieve, evocada en las ondulaciones de la exposición.

Kiputz es una sima, "una trampa natural" de seis metros por la que cientos de animales se precipitaron al abismo para permanecer allí durante más de 20.000 años hasta que los espeleólogos del grupo Munibe Taldea encontraron el yacimiento en 2002. Por ello, los esqueletos están "prácticamente en su integridad".

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