Redondela, entre el auge de peregrinos y el desgaste vecinal
Los carteles en el centro se suman a las quejas por el uso del atrio de Santiago y a los conflictos entre comercios
Redondela convirtió el Camino de Santiago en uno de los principales motores de su actividad económica, pero también en una fuente creciente de molestias y conflictos para vecinos y comerciantes. La presión se hizo especialmente visible este verano, donde empezaron a aparecer carteles pidiendo silencio a los peregrinos durante la noche, mientras se acumulan quejas por el uso de espacios públicos y surgen incluso enfrentamientos entre algunos negocios vinculados al turismo.
Los datos de la Oficina del Peregrino permiten ver la dimensión de este fenómeno: solo durante julio pasaron por Redondela 26.407 peregrinos, una cifra que equivale al 91% de los 28.928 habitantes censados en el municipio, según el INE. En lo que va de año, los registros de las rutas que atraviesan la localidad alcanzan los 136.911 peregrinos: 66.594 por el Camino Portugués de la Costa y 70.317 por el Portugués. En julio fueron 12.395 y 14.012, respectivamente.
La elevada afluencia empieza a tener consecuencias en la convivencia diaria. En la calle Isidoro Queimaliños aparecieron durante el último mes varios carteles en los que se pide silencio a quienes recorren la zona durante la noche. Uno de ellos, escrito en portugués, reclama a los peregrinos que respeten el descanso de las personas que están durmiendo. Los residentes señalan así las conversaciones y el ruido que se prolongan hasta altas horas de la madrugada.
A esta situación se suma la polémica surgida esta semana por el uso del muro del atrio de la iglesia de Santiago como tendedero. Vecinos avisaron de la presencia de ropa, incluida ropa interior, colgada de uno de los elementos del conjunto histórico y reclamaron al Concello medidas para evitarlo.
La presión también se traslada al acceso a la vivienda. La oferta de alquiler en el centro de Redondela es cada vez más escasa y los pocos pisos disponibles superan en muchos casos los 700 euros mensuales. Parte de las viviendas que anteriormente se destinaban al alquiler residencial ahora son de uso turístico, reduciendo todavía más las opciones para quienes buscan independizarse.
Además, los conflictos también empezaron a llegar a los comercios. Según relatan vecinos de la villa, dos nuevas tiendas de souvenirs dirigidas principalmente a peregrinos protagonizaron una disputa por el precio de las camisetas, hasta el punto de que uno de los establecimientos llegó a venderlas por debajo de su coste de adquisición. Al día siguiente, la cerradura del local apareció taponada con silicona, un hecho que el establecimiento atribuye al conflicto comercial.
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