Los furanchos de Redondela, de moda entre los jóvenes
Cada vez es más habitual ver a grupos de gente hacer colas para conseguir mesa en algunos de estos establecimientos
Los furanchos forman parte de la tradición cultural de Galicia desde hace décadas, pero están especialmente asentados en lugares como Redondela, que en la actualidad tiene seis de estos locales abiertos. Desde hace años, estos establecimientos se han puesto de moda entre los más jóvenes y, por ese motivo, la clientela ha cambiado. Los furanchos han pasado a ser lugares frecuentados por abuelos y familias a recibir grupos de adolescentes y parejas jóvenes.
“En los últimos años, la clientela cambió mucho. Ahora hay más jóvenes. Antes era todo gente mayor y ahora no. Ahora hay más juventud, sobre todo el fin de semana”, explica María del Mar Berdomás, que trabaja con su familia en el Furancho Berdomás, en la parroquia de San Esteban de Negros, un local con más de 40 años de tradición.
Toñi Díaz, que ayuda en el Furancho A De Marga, en Vilar de Infesta, coincide con María del Mar. “Hay mucha gente joven que vienen al furancho como si fueran a un restaurante”, asegura Díaz, quien detalla que vienen en pandillas grandes. Además, Díaz precisa que se ha notado un cambio de tendencia en los últimos años, ya que cada vez es más habitual que se formen colas de grupos que esperan por una mesa, algo que hace años no sucedía.
Además, estos grupos de jóvenes tienden a repetir la experiencia, generando una fidelidad a los furanchos. Así lo detalla Isabel Freire, del Furancho Cadaval de O Viso. “Vienen grupos bastante grandes y jóvenes, suelen rondar los 20 años, y son gente que repite de año a año”, detalla.
Sin embargo, gracias a la difusión de estos establecimientos en páginas web como Guía Furanchín, que muestran los furanchos abiertos y su localización, la clientela es cada vez más variada. “Durante la Reconquista recibimos un grupo de 11 chicos que venían desde Burgos y buscaban un sitio cerca del aeropuerto para comer. Se marcharon muy contentos con la experiencia”, comenta Toñi Díaz. Isabel Freire indica que hasta su furancho han llegado grupos desde pueblos de Ourense, A Coruña “e incluso de más lejos”.
La inflación se nota
Si en algo coinciden estos tres establecimientos, es que el aumento de los precios en las materias primas también les ha afectado. Esta situación ha obligado a que los furanchos aumenten el precio de sus tapas y vinos alrededor de un euro. “Lo notamos, eso desde luego. Si no subes los precios no tienes donde sacar algo de beneficio, pero tampoco queremos sobrepasarnos porque no queremos que el cliente lo note en la cartera”, apunta Isabel Freire. Claudi Rivas, otra ayudante de A De Marga, añade que, en su caso, “este año tuvimos que subir un poco los precios a pesar de que llevábamos años con ellos congelados porque las cosas se han encarecido mucho”.
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