Con altavoz para dar clase
redondela
Profesores del IES de Chapela usan altavoces con sus alumnos para combatir el ruido de la autopista, ensordecedor al tener la ventanas abiertas por el covid.
El IES Chapela resume en muchas de sus aulas el día a día de muchos vecinos de la parroquia que desde hace más de tres décadas conviven con el ruido permanente del tráfico de la AP-9. Una banda sonora que este curso se ha convertido en mucho más presente y perturbadora con la obligación de mantener las ventanas abiertas, incluso en los días más fríos y de lluvia, para ventilar las aulas.
Una situación que obliga a usar micrófonos para que los alumnos pueden escuchar algo de lo que dice el profesor.
Además, desde la pandemia, al ruido del tráfico que entra sin barreras por las ventanas abiertas, se suma el hecho de que los alumnos están más distanciados del profesor que a su vez lleva mascarilla o pantalla, por lo que sus voz queda aún más apagada, no llegando en muchos casos a las últimas filas del aula.
Esta odisea diaria ha sido recogida en un vídeo sin palabras en el que el ruido del tráfico es el protagonista. Para Miguel Pérez, director del centro, profesor de Música e impulsor de la iniciativa, “lo que intentamos es visibilizar un problema que debería haber sido resulto hace mucho por Audasa con la instalación de paneles, poniendo en marcha un proyecto de aprendizaje sobre el ruido y sus consecuencias en nuestras vidas”.
La odisea de vivir en medio del ruido permanente del tráfico es ya algo normalizado en la parroquia, que sufre el ruido procedente de uno de los tramos con mayor volumen de tráfico de la AP-9, por la que en un día normal -sin restricciones covid-, pueden pasar 2.300 vehículos a la hora, lo que significa un coche por segundo.
Las mediciones llevadas a cabo en la zona arrojan un volumen de 65 o 70 decibelios dentro del centro educativo, cuando las recomendaciones de la OMS apuntan a un máximo de 55. El resultado es que la comunidad escolar, integrada por algo más de mil personas, deben desarrollar su actividad lectiva y social en medio de un zumbido permanente y sin posibilidad disfrutar del silencio.
El director del centro comenta cómo esta situación se arrastra hace más de 30 años y que paradójicamente "ya la vivieron los padres de muchos de los alumnos que ahora siguen padeciendo el problema sin que ni Audasa ni las sucesivas administraciones hayan hecho nada para resolverlo, pese a que en el 2016 hubo un compromiso de la concesionaria de poner pantallas que todavía no se ha cumplido".
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