Las alfombristas redoblan esfuerzos para la Fiesta de la Coca

Los vecinos de Redondela llevan semanas preparando el “verde” en los bajos y esta semana inician el trabajo con las flores

El grupo de la calle Alfonso XII lo forman un grupo aproximado de 20 personas de todo el municipio.
El grupo de la calle Alfonso XII lo forman un grupo aproximado de 20 personas de todo el municipio. | J.V. Landín

Los bajos de las principales calles de Redondela llevan semanas convertidos en talleres artesanales, donde cientos de manos trabajan a contrarreloj para dar forma a las alfombras florales de la Fiesta de la Coca. Allí, entre montones de ramas de “verde” y serrín teñido, al que en los próximos días se sumarán las flores, conviven alfombristas veteranas y personas que este año se han estrenado en una tradición declarada de Interés Turístico Internacional.

Este es el caso del bajo de la calle Alfonso XII, también conocido como el de “la carretera”. Desde la primera semana de mayo, un grupo habitual de 20 personas, además de otras que acuden de forma ocasional, trabaja sin descanso para dar forma a una alfombra efímera. Como en años anteriores, y tras definir un diseño aproximado de la composición que ocupará los 130 metros de largo por 3,30 de ancho, el grupo comenzó las tareas preparando el “verde”, las hojas que servirán de base para buena parte de la pieza.

Aunque muchas participantes llevan años vinculadas a esta tradición, cada edición incorpora también nuevas generaciones que descubren desde dentro el esfuerzo y la emoción que rodean la elaboración de las alfombras. Es el caso de Sara Méndez, que este año participa por primera vez animada por la ilusión con la que su madre vive estas fechas. “Ver a mi madre tan ilusionada con esto desde hace varios años fue lo que me motivó a venir”, explica.

Sara reconoce que el ambiente fue una de las cosas que más le sorprendió en su primer contacto con el grupo. “Me acogieron muy bien desde el primer momento. Hay mucha alegría entre las señoras”, comenta mientras corta pedazos de “verde” junto al resto de participantes. Además, asegura que la experiencia le hizo comprender mejor la importancia de mantener viva la tradición: “Si no participa más gente, al final esto se puede perder. Es algo que construyeron nuestros abuelos y hay que conservarlo”, señala.

Olga García, madre de Sara, lleva ya varios años implicada en esta tradición y reconoce que las jornadas de preparación se han convertido en una cita imprescindible. “Yo aquí hago terapia mental”, asegura entre risas. Aunque vive en Chapela, explica que no conoció realmente el trabajo de las alfombristas hasta hace pocos años. “Vine un día a echar una mano y ya me quedé”, indica.

Para Olga, más allá del resultado final, lo importante es el ambiente comunitario que se crea durante estas semanas de preparación. “Me lo paso pipa y se lo recomiendo a todo el mundo”, afirma. Sin embargo, admite que el momento más emocionante llega cuando las alfombras quedan terminadas después de tantas horas de esfuerzo: “Lloro cuando las veo acabadas. Es muchísimo trabajo”, sentencia.

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