Pontevedra se viste de época y viaja al pasado para su fiesta medieval
Los negocios pontevedreses ultiman sus preparativos para la Feira Franca, convirtiéndose en auténticos escenarios del siglo XV
La Feira Franca se celebra en Pontevedra durante dos días, pero para algunos negocios comienza con muchos meses de antelación.
Mientras las calles todavía esperan sus banderolas y el centro histórico no se ha convertido en una ciudad medieval, restaurantes y tiendas de trajes ya llevan semanas preparando uno de los fines de semana más esperados del año. La XXV edición, que se celebrará el 4 y 5 de septiembre y estará dedicada a las tabernas, volverá a llenar Pontevedra de puestos, música, comida y vecinos vestidos de época.
Para entender por qué Pontevedra vuelve cada año al siglo XV hay que retroceder más de cinco siglos. En 1467, el rey Enrique IV concedió a la ciudad el privilegio de celebrar un mercado libre de impuestos durante un mes, quince días antes y quince después del 24 de agosto, en la festividad de San Bartolomé.
La concesión llegó en una época de especial prosperidad para Pontevedra, impulsada principalmente por la pesca y el comercio, cuando la villa era la más poblada de Galicia.
La fiesta actual es mucho más reciente. Su primera edición se celebró en el año 2000 con el objetivo de recuperar la memoria de aquel periodo de bonanza y convertir el centro histórico en un escenario donde la ciudadanía tuviera un papel protagonista. Desde entonces, la Feira Franca ha ido creciendo hasta convertirse en uno de los grandes eventos de Pontevedra y en una Fiesta de Interés Turístico.
En Bar El Cafetín lo saben bien. Rubén González explica que las primeras reservas para este año comenzaron hace cinco meses. Se fueron consolidando con la llegada del verano y actualmente el establecimiento se encuentra prácticamente completo. El restaurante supera las 400 reservas para el mediodía y espera alcanzar unas 450 personas con menú cerrado. A ellas se sumará el público que acuda sin reserva a los puestos de churrasco, pulpo, cafetería y pastelería instalados por el local.
“Si hablamos de un único día de mayor volumen, este es sin duda”, señala González. La Feira Franca se convierte así en una de las jornadas de mayor facturación del año para el establecimiento. El menú también se adapta a la ocasión. Mejillones en escabeche, empanadas de mar y tierra, embutidos, quesos y un codillo cocido a baja temperatura relleno de setas y tubérculos forman una propuesta que busca combinar la tradición gastronómica con un guiño medieval. El precio es de 45 euros, con bebida incluida.
La otra gran preparación transcurre en el vestido. En Poio, María del Carmen Rodiño Porto lleva 25 años al frente de Trajes Medievales Galice, una tienda especializada en indumentaria histórica. Este año asegura que la demanda está yendo “muy bien, quizá mejor que otros años”. Los trajes de campesina continúan siendo los más solicitados para acudir a la Feira Franca, aunque también hay peticiones como mesoneras o guerreras.
Rodiño calcula que ya ha alquilado entre 60 y 70 trajes, aunque advierte de que la semana previa será la más intensa. Los precios parten de unos 50 euros para alquiler, mientras que los diseños especiales pueden alcanzar los 100, 125 o 150 euros, aunque se reservan para rodajes u otros eventos. También realiza trajes por encargo, alrededor de 250 o 300 euros, todos elaborados artesanalmente y adaptados a cada persona.
Ese empeño por cuidar la ambientación conecta con el origen de la propia celebración. La Feira Franca no busca únicamente reproducir un mercado medieval, sino implicar a los vecinos en la recreación. Durante el día y medio de fiesta, las calles se adornan y se llenan de comidas, puestos artesanos, espectáculos de cetrería y actividades que buscan devolver a la ciudad sus comienzos comerciales del siglo XV.
Este año las tabernas tendrán un protagonismo especial. La hostelería adaptará sus espacios y buena parte de los establecimientos aprovecharán la temática para reforzar la ambientación medieval. Para González, ese cuidado colectivo es una de las razones por las que la fiesta sigue funcionando después de 25 ediciones. “Es un poco un trabajo de todos. Decorar, respetar la tradición y evitar que la celebración pierda su esencia", son a su juicio fundamentales.
Una fiesta que consigue que durante dos días Pontevedra vuelva a ser una villa medieval.
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