Mujeres rurales aprenden y se empoderan a golpe de click
El proyecto FemTech permite que alumnas mayores de 50 años se formen en nuevas tecnologías en una aldea de Ponte Caldelas
Rosa, Ángeles, Marga y Patricia son algunas de las mujeres de más de 50 años del entorno rural, que asisten a clase de informática cada semana en la Casa do Pobo de Anceu, una parroquia de Ponte Caldelas, pequeña en tamaño pero llena de vida. La iniciativa, denominada FemTech, forma parte del proyecto Nova Lonxevidade Rural, promovido por la Fundación La Caixa, y tiene como objetivo enseñar herramientas digitales a las mujeres al mismo tiempo que les permite mantenerse en contacto y crear lazos con otras personas.
Ana Gómez es su profesora, a la que definen como “genial”. Ana, natural de Alcalá de Henares, llegó a Anceu después de la pandemia y, actualmente, forma parte de la asociación Rural Hackers, cuyo objetivo principal es revitalizar el rural con proyectos creativos y tecnológicos que generen un impacto local involucrando a su comunidad e intentando romper la brecha entre lo urbano y lo rural. FemTech es uno de ellos. Ana explica que no es una clase al uso, sino que se mezclan cosas más creativas y divertidas para, además de formarlas, ayudarles a perder el miedo a la tecnología. “Las desigualdades pueden generar inseguridades en las mujeres y el objetivo es combatirlas cuando se enfrentan al mundo digital”, explica Ana.
Además, estos encuentros les permiten estar en contacto con otras personas en situaciones similares a ellas, algo que todas reconocen. “Nos lo pasamos genial y compartimos muchas cosas”. Explica Rosa, conocida como la ‘influencer’ de un grupo en el que hay mujeres de Anceu, Ponte Caldelas, Caroi, Sanxenxo y mismo parroquias pontevedresas.
Esta semana tocó aprender todos los entresijos del correo electrónico gmail, conocer los buscadores de vuelos o las opciones de Canva. “Nunca sobra el saber”, afirma Ángeles.
Un pueblo convertido en un laboratorio creativo comunitario
Los resultados de esta iniciativa tecnológica se puede ver en las caras de las alumnas, muchas de ellas mayores de 60, pero con una vitalidad que supera a muchas de 20. “Enseño cosas básicas como las contraseñas o el WhatsApp, y teniendo en cuenta los diferentes niveles de los que parte cada una”.
Independientemente de los conocimientos previos, todas tienen en común las ganas de aprender y sus aportaciones. “Mi hijo nació en la era de la informática pero yo no. Yo aprendo a base de golpes y ella nos está enseñando a perder el miedo a conocer, porque si nos equivocamos no hay ningún problema”, explica Rosa, de 63 años. Marga, de Ponte Caldelas, afirma que “todo me parece interesante. Parece fácil, pero no lo es tanto”. La mujer llega con su portátil a la Casa do Pobo de una aldea casi convertida en un laboratorio comunitario porque, dentro de Nova Lonxevidade Rural, también está en marcha en el pueblo el proyecto AventuraTech, para mayores de 60, que mezcla deporte y tecnología, y CamTech, un programa que ayuda a gestionar las emociones de los dueños de perros con la colaboración de la protectora de O Morrazo.
A mayores, en la misma Casa do Pobo se celebra los sábados ‘A Fuchiqueira’, un espacio donde aprender a hacer cosas a través de un intercambio de conocimientos gratuitos, el que se incluye el arreglo de ordenadores.
Entre las creaciones colectivas hechas destaca un extraordinario mural de la Danza de Anceu en el palco de la música, y otro en el depósito del agua. Rosa sentencia que, “cuando alguien me pregunta por qué no voy a la ciudad, yo le respondo: ¿crees que me aburro”.
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