“Mi marido me robó mi dinero, me insultaba y controlaba todo”

Una víctima de violencia machista narra el daño psicológico, primero, y físico, después, por parte de su pareja, y cómo logró salir

Campaña del Concello de Pontevedra con motivo del 25N, que pone el foco en los maltratadores.
Campaña del Concello de Pontevedra con motivo del 25N, que pone el foco en los maltratadores. | I.L.

María González (nombre ficticio) es una mujer de 43 años que llegó hace seis a España desde Perú con su pareja, pontevedresa, sintiéndose “muy enamorada, pero me salió el tiro por la culata”. Su historia es la de una mujer que vivió maltrato por parte que quien pensaba que la amaba.

Ella, inteligente y decidida, trabajó durante 20 años en oficinas en su país de origen, y su sueño siempre fue ser fisioterapeuta. Ambos se conocieron allí y decidieron regresar a la aldea de la provincia de la que él es originario prometiéndole que aquí lo tendría todo y para casarse. “Vine con mi vestido de novia y al llegar ya comenzó a controlarme”. Lo primero que hizo fue prohibirle continuar estudiando la carrera de sus sueños y controlar su vida. “Pedí plaza en la Universidad de Vigo y la logré en 2021, pero él me dijo que no me iba a ayudar”. Así comenzó poco a poco el maltrato psicológico de la que fue su peor pesadilla.

“Primero fue eso, luego no me dejaba salir con amigas y decía que tenía que cocinar y estar en casa”, explica María. Entonces, trató de conseguir un teletrabajo, opción que tampoco apoyó su pareja, así que intentó emplearse en lo que pudo.

La joven asegura: “cuando llegamos a españa no me dejó estudiar e hizo que mi amor propio quedara bajo cero”

“Tardé dos años en que me dieran el NIE, lo que también hizo que todo se me complicase y, mientras yo no accedía a mi cuenta desde aquí, él se aprovechó y me robó mi dinero”. Ahí, su marido comenzó a ejercer el control económico, un hecho que para María fue brutal.

Después, empezaron los insultos. “Me llamaba gorda, y poco a poco fue a peor. Bebía bastante… hasta que empezó a gritarme, zarandearme…”, afirma María. Ella acudió al CIM y a la Cruz Roja, quien le proporció formación y apoyo, y quiso dejarle, “pero es difícil porque vas normalizando esta situación hasta que tu amor propio se queda bajo cero”, sentencia.

La universidad y el trabajo, claves para comenzar otra vida

María empezó a darse cuenta de la necesidad de alejarse de su marido cuando “no dejó que viniese mi madre a visitarme”. Era su manera de controlar, aún más, su aislamiento. Pero la gota que colmó el vaso ocurrió el pasado marzo cuando María recibió una agresión física, el punto de inflexión que la llevó a denunciarle.

“Nunca pensé llegar a esa situación”, explica emocionada. Fue el primer paso para su nueva vida, que la llevó a un centro de acogida durante tres meses y actualmente reside en un piso compartido.

Logró un empleo de interna en una vivienda durante los fines de semana y este curso sí estudia su carrera soñada en la facultad del campus pontevedrés. “Por eso elegí ese trabajo, en el que cuido a una persona mayor y estoy muy agradecida. Así puedo ir a clase de lunes a viernes". Respecto a la experiencia universitaria, María explica que “no es fácil, aunque estoy superfeliz. Todo esfuerzo vale la pena en esta vida”.

La pontevedresa quiere dejar claro que “los extranjeros no venimos aquí para vivir de las ayudas. Venimos porque queremos trabajar. Él me ofreció riqueza y me encontré con un marido machista y una familia que me hizo sentir discriminada al ponerse de su parte”. Tampoco disponía de red social.

En la otra cara de la moneda están los profesionales del ámbito jurídico y psicológico que la ayudan. Y en Cruz Roja, el programa de empoderamiento femenino destinado a personas en situación de vulnerabilidad también le dio herramientas.

El teléfono 016, gratuito y sin huella, atiende las llamadas las 24 horas del día.

Contenido patrocinado

stats