Cuatro siglos creando campanas a mano

José Enrique López Ocampo regenta en Caldas de Reis el único taller artesano de campanas que queda en España, activo desde 1630, y de cuyo horno salieron piezas para templos de todo el país forjadas en bronce, cobre y estaño

Publicado: 01 feb 2026 - 01:35 Actualizado: 01 feb 2026 - 12:20
López Ocampo, en su taller, con la última producción en marcha, una campana de iglesia.
López Ocampo, en su taller, con la última producción en marcha, una campana de iglesia. | I.L.

Arcos da Condesa, en Caldas de Reis, esconde entre sus casas un tesoro: el único taller artesano de campanas de todo el país que mantiene José Enrique López Ocampo, ‘Chicho’. “Heredé el oficio de mi familia y lo aprendí de mi abuelo y mi padre”. Soy un carpintero, explica humilde este caldelano.

José Enrique cogió el testigo del taller que se remonta al año 1630, cuando un maestro campanero errante, Juan Gerónimo Blanco, decidió establecerse en esta comarca pontevedresa. Y desde entonces nunca cesó el fuego.

Campanas Ocampo, como se llama esta empresa, crea a mano piezas para toda Galicia y España. “Ahora estoy restaurando las campanas de la catedral de Mondoñedo”, explica José Enrique. Este artesano tarda entre tres y cuatro meses en fabricar una campana grande, aunque, afirma que “tardo o mesmo que en facer catro ou cinco pequenas porque ao final hai que ter en conta o tempo de secado”. La creación combina herramientas de herreros y alfareros utilizando el bronce, cobre y estaño.

El proceso comienza con un molde de barro de tamaño medio con el que Enrique hace el esqueleto de la figura. “Tomo as medidas cando vou aos sitios e despois hai que facelo a partir de aí”. A continuación, se funde en un gran horno en el que se combina el fuego con la pala, puesto que hay que echar arena durante todo el proceso. “Esa é a parte máis dura porque come moito oxíxeno”.

La fundición

La fundición actual está en el interior de una casa de 1886, que la familia adquirió expresamente para ello, cuyo techo y paredes están tiznadas de negro. En este pequeño lugar se crearon cuatro campanas de la catedral de la Almudena (la torre gallega), se confeccionó otra para la catedral de Santiago de Compostela y el año pasado se arreglaron repiques de las iglesias de A Franqueira, As Neves, A Estrada y de la Virxe da Barca de Muxía. La familia creó también en este siglo una campana de una tonelada de peso para Santa María de Ortigueira, entre otras.

De este taller de Caldas salió un trabajo vigués destacado: Juan Ocampo, abuelo de José Enrique, fundió dos de las campanas de la concatedral de Santa María, en honor al Cristo de la Victoria, en 1927 y 1947.

Sin embargo, Campanas Ocampo no solo construye, sino que también arregla parte del mecanismo de los campanarios, o piezas que se deterioran con el paso del tiempo como es el caso de la madera. “No solo es hacer la campana, tiene que poder tocarla bien el campanero”, explica José Enrique. Para ello cuenta con la colaboración de electricistas y más carpinteros, “cuando tenemos que ir a buscar las campanas o hacer un pedido grande”, asegura. Incluso hacen mecanismos automatizados, en la parte más ‘moderna’ de la empresa adaptada a un sector que nunca cesa.

Para este artesano, de 48 años, el trabajo “es duro físicamente, pero hay otra gente que va al gimnasio y yo no lo necesito”. “Hace años había tres talleres aquí, de los Blanco, en Arcos da Condesa. Ahora solo queda este”, afirma Enrique con el orgullo de quien hereda una responsabilidad secular.

“Non é un traballo para facerse rico, pero estou ao meu aire e teño encargos para todo este ano”, confirma el artesano caldelano, quien asegura que puede llegar a hacer una media de entre 20 y 30 campanas al año.

Respecto al futuro de este trabajo, José Enrique, ni se lo plantea porque en sus manos mantiene a fuego lento los repiques de la vida y la muerte de los pueblos y ciudades.

Visitas de peregrinos y curiosos

El taller de este maestro campanero no es ajeno a curiosos y peregrinos, que se desvían de la ruta del Camino Portugués que atraviesa el municipio caldelano, atraídos por su singularidad. “Atópome con xente que quere ver cómo traballo, especialmente en verán. Non sei cómo se enteran”, explica José Enrique Ocampo.

De hecho, hay que desviarse unos metros desde el itinerario oficial hasta la aldea de Badoucos, donde está la fundición de Campanas Ocampo, una casa que pasaría desapercibida en el entorno, salvo por las campanas de distintos tamaños colgadas en la entrada, su seña de identidad.

Por el momento, José Enrique acepta visitas de grupos de unas quince o veinte personas con reserva, “porque senón, non me deixan traballar”, afirma con una sonrisa. A pesar de ello, le gusta mostrar su quehacer diario, especialmente a los más jóvenes y extranjeros. El taller abre de lunes a viernes, de 9.00 a 17.00 horas y todas las personas son bienvenidas si se avisa con antelación al correo ocampoartes@gmail.com

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