Truena y doblan las campanas

Publicado: 09 oct 2026 - 00:39
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Amanece. Las campanas tocan a difuntos y el aire trae olor a tormenta y tierra mojada. Llueve. Llueve con esa furia que sólo el malestar sabe emplear. Es jueves y en la tarde de ayer la historia ha hecho un quiebro de los que ponen a las conciencias contra la espada de la verdad y la hipocresía de la conveniencia. Por fin Pedro Sánchez ha adelantado las elecciones generales. Truena. El Tribunal Constitucional le ha dado un tirón de orejas al Tribunal Supremo y ha juzgado legal la amnistía a los condenados del “procés”. Relampaguea. Puigdemont puede volver del exilio gracias a la política pacificadora de Sánchez para Cataluña. Llueve sobre mojado. Los decretos de vivienda bloqueados por las derechas serán convalidados por la Comisión Permanente del Congreso sin los votos de Junts. Miles de rayos iluminan los cielos. Maricarmen Abascal, la anciana desahuciada por la avaricia, ha muerto en el hospital. La tormenta es insoportable. La justicia ordinaria declara a derecho las acampadas que el PP quiere exiliar de la Puerta del Sol y del Obradoiro. Escampa. Días antes del inicio de la campaña electoral viviremos la primera huelga general contra la política de bloqueos de la oposición, da igual el título que le pongan para justificar.

El miércoles, que iba a ser de gloria para Feijóo al volver a Ceuta y atizar el problema de la inmigración, se cerró trágico con el fallecimiento de Maricarmen, símbolo de la reivindicación del derecho a una vivienda digna consagrado en la Constitución. El trágico final de la anciana, al que han precedido otros no nombrados, suicidios resueltos con titulares de ocasión y silencios de miseria, no puede considerarse una simple cuestión de solidaridad, de caridad hipócrita y de sentimentalismos oportunistas. El simbolismo de Maricarmen refleja el fracaso de una forma de hacer política por encima de la calidad humana a favor de los intereses espurios de una clase capitalista poderosa y egoísta. Es indecente apelar a las circunstancias y a las normas para justificar el drama de destruir vidas y convivencias anónimas. Hoy los argumentarios de condolencia, de quienes han venido bloqueando los intentos del gobierno de progreso a favor de la vivienda, olerán a cloacas removidas por la tormenta.

El consejo de ministros de PSOE+Sumar ha vuelto a aprobar los decretos de vivienda que, de existir con anterioridad, habrían evitado la muerte de Maricarmen y otras situaciones vulnerables recientes. ¿Cómo actuarán las derechas en la nueva convalidación parlamentaria? ¿Repetirán el patinazo del decreto de las pensiones dando marcha atrás para lavarse las manos? Como entonces, ahora no son necesarios ni sus votos ni sus actos de contrición con la mirada puesta en la cita electoral del 29-N. El simbolismo de Maricarmen no debe quedar en la simplificación de un drama personal, como de inmediato se han lanzado a calificarlo los comentaristas afines a los poderes fácticos. Estamos ante la tragedia de las políticas de la mentira, los bulos y las guerrillas leguleyas. Las batallas partidistas no mueren en el circo de los parlamentos ni en la consecución de titulares afines ni en las gracias de las redes sociales. Las batallas políticas son siempre cruentas o incruentas para la ciudadanía administrada.

Desde la caída de Mariano Rajoy estamos viviendo la más insoportable política de la negación y destrucción del contrario, de la deslegitimación de las instituciones y del enfrentamiento cainita de los poderes, lo que nos ha traído al extremo de iniciar una nueva campaña electoral con un entierro y una huelga general. Truena y doblan las campanas.

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