La telerrealidad ocupa el debate nacional
Sólo quien llega a conocer hasta qué punto puede llegar la miseria humana, como un antropólogo, puede concebir, diseñar y ofrecer productos como la basura que emite Mediaset, empresa de la que es consejero delegado el italiano Paolo Vasili, creador de la llamada “Telerrealidad”, para entendernos “mierda enlatada” entre comerciales, donde se convierten en personajes nacionales a un pobre travestido que ejerce la prostitución en la calle o a un ex guardia civil corrupto sin otro oficio, o a una niña malcriada o una madama notable, o una procesión de bujarrones que presumen de serlo y propagar sus aficiones y felactrices diversas que pueblan sus programas, con cara bonita y cuerpo retocado que quieren ser estrellas. Y una de las características de este fenómeno es que está guionizada; es decir, que las historias que nos cuentan han sido previamente diseñadas y luego se busca a los personajes que las encarnen.
Algo tan sagrado como el amor, las relaciones humanas, la devoción familiar, la lealtad, el amor, la ternura y todas sus expreisones, se denigran entre edredones para que a lo largo del día las marujas y los marujos españoles sigan con avidez las peripecias de los personajes que encarnan este teatro de todo lo opaco cabe en el alma de una persona.
Estos días asistimos al insólito fenómeno de la introducción en el debate nacional de una serie que narra en primera persona –previo guión—las penalidades de una señora que no llego a acabar el bachillerato y que se convirtió en personaje de las televisiones modelo Vasili por ser hija de una cantante famosa en su tiempo y de un boxeador notable. Punto. No sé si lo que narra en una serie dramática por capítulos es o no cierto, que es muy posible que lo sea, dado el otro personaje de la historia. Este último, al que veíamos hasta hace poco opinando con autoridad de todo lo divino y humano, es para echarle de comer aparte. Condenado a seis meses de cárcel, por quedarse con el importe de una multa con otro compinche, cuando era guardia civil de Tráfico, salió con deshonor del cuerpo y se dedicó, en gran medida, en ganarse la vida a contarla, con villanías tan notable como vender las propias cartas que su novia casi adolescente le escribía al inicio de su relación, y a pasear sus miserias por los diversos programas de Tele5 como experto en nada.
Lo más increíble de esta historia de Rocío Carrasco es que los lances de la teleserie montada en todo a la protagonista del guion es que no sólo ha irrumpido en el debate nacional, distrayendo la atención de los españoles sobre nuestros verdaderos problemas y realidades perentorias, no sólo nuestra incierta situación con respecto a la Covid-19, sino a escándalos insólitos como el rescate de la compañía área de componente chavista “Plus Ultra” con dinero de todos los españoles. No hablamos de eso, nos preocupa “Rociito”- Ciertamente, la historia que cuenta, de ser cierta, es conmovedora. E incluso su revelación cabría, con otro tratamiento, en un espacio de denuncia del mal trato a la mujer, fenómeno que debe ser atacado y divulgado con otra seriedad y perfil. Pero el modo en que se ha concebido esta serie dramática, la permanente promoción de sus contenidos, la entrega y adelanto de la misma en el espacio estrella de Tele-5 y su dosificación en hora y día punto, convierten los hechos en otra telerrealidad que ha producido efectos esperados, como que hasta la ministra Montero entre en directo a echar su cuarto de espadas en el caso. E incluso otros políticos de diversos colores se han pronunciado al respecto.
Pero es que además ha dividido a la sociedad española en dos bandos: los que creen y apoyan a la interfecta y creen que su ex marido es un canalla, y los que la consideran una mala mujer que proscribe y acusa falsamente al pobre ex benemérito, al que deja sin trabajo en la vida, porque la empresa de Vasili quiere dar ejemplo. Cinismo mayor, porque el serial se grabó hace meses y durante ese tiempo se mantuvo y renovó contrato con el otro causahabiente. A todo esto, falta añadir una cosa: Todo el mundo se asombra lo que ganan y cobran los personajes de esta comedia, pero deben saber que las personas que demandan o adquieren los productos que se emiten en este tipo de programas son quienes realmente pagan el sueldo de los personajes que los pueblas. Los anunciantes son también responsables de los contenidos, como nos enseñó Noam Chomsky. Quizá por ello, ya en dos ocasiones, Tele5 tuvo que retirar de su parrilla dos programas hace años, porque los anunciantes avergonzados les retiraron su apoyo.
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