Sánchez prescinde de Ceuta en su discurso electoral

Publicado: 16 oct 2026 - 01:00
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En el discurso electoral de Pedro Sánchez ha desaparecido toda referencia a la invasión de Ceuta, problema que, pese a la ficción de la limpieza apresurada para ocultar la realidad ante la visita de los Reyes, sigue tal cual. De “hecho puntual” ha calificado la portavoz del Gobierno Elma Saiz. La presencia de buques de guerra marroquíes en aguas españolas, en el momento mismo de la invasión, revelación que no se ha podido ocultar y que es de gravedad extrema….”y puntual”. O sea que, eliminado lo de Ceuta, parece que España sólo tiene dos grandes problemas: el de la vivienda y la aplicación de la Ley de Nietos, coartada por el Tribunal Supremo. Y en cuanto a lo de la vivienda, ya se sabe que el asunto no es consecuencia del Gobierno, que parece haberse encontrado con él, luego de ocho años de ejercicio. La culpa de las comunidades autónomas del PP y de los partidos que con él impidieron aprobar inicialmente los decretos-ley para solucionar el problema y poner fin a los desahucios con carácter general.

Estos son días de paradojas: A lo largo de su mandato, Pedro Sánchez sólo había expresado conmoción ante la muerte en la cárcel de un etarra y ahora con la señora Maricarmen, símbolo de su preocupación sobrevenida para resolver un problema con el que fue conviviendo. Y por si algo faltaba, resulta que, entre los grandes tenedores se halla el marido de la propia portavoz del Partido Socialista, Montse Minguez, quien defiende que es un negocio familiar que paga sus impuestos, al tiempo que arremetía contra otros tenedores de dimensión mucho más reducida que su cónyuge, quien tiene 30 pisos, sujetos a las mismas situaciones comunes por impagos e desahucios, con las que ya en 2023 prometiera acabar Pedro Sánchez. Entonces, ¿si eso es normal para su marido, ya no lo es para el resto de los tenedores, en su mayoría, mucho más modestos?

La extensión de desocupados, porque no parece que tiene que sujetarse a un horario laboral o de formación tengan tiempo para todo, a lo largo de las plazas y parques públicos del país, beneficia a Pedro Sánchez, porque es el paladín de las reformas que se exigen, por eso van a parar al país para dar una lección a la oposición que es la madre y responsable de los problemas. La dialéctica electoral deviene en un enfrentamiento casi mitológico, entre el bien y el mal, o sea, entre el lado correcto de la historia y el incorrecto. No hay más. Y mientras se extiende por toda España la acampada de los promotores de la huelga general contra la oposición, que no contra el Gobierno y se suceden episodios chuscos como se ve en las redes donde sujetos que no han trabajado en la vida en nada piden solidaridad y….comida.

Hace ahora, treinta años, en una famosa conferencia, el sociólogo Giovanni Sartori ya advirtiera sobre los riesgos a los que se enfrentaría la democracia liberal, que demostrada tras la caída del comunismo, por lo que era especialmente crítico con aquellas ideologías que conservan o recuperan pretendidos tópicos de la aplicación del marxismo o sus secuelas, que ya trató en su libro “La democracia después del comunismo. En aquella conferencia llamó la atención sobre los riesgos de que el optimismo hiciera perder de vista las propias fragilidades de los sistemas democráticos, cuando dentro de los mismos surgieran de nuevo partidos que aprovechando ese espacio de libertad representaran riesgos, desde la izquierda y desde la derecha.

Y añadiera que la calidad en general de los políticos “es muy baja” y abundan los profesionales de la política que no tienen ni han tenido otro medio de vida. Mal se puede esperar que la gente confíe en la clase política y menos que recupere el respeto y la confianza de los ciudadanos, si cada vez hay más políticos profesionales sin otro medio de vida. Pareciera que estaba previendo lo que defino luego en nuestro país. En España hay ejemplos notables entre dirigentes sindicales, alejados del trabajo ordinario, que han convocado la huelga general “contra la oposición”, en lo que andamos.

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