Miguel Anxo Bastos Boubeta
A decisão acertada de Feijoo
Y luego está Marlaska, el juez ejemplar de hace años, el prototipo de hombre honesto, sensato y valeroso, instructor sagaz, perseguidor inflexible de delitos y delincuentes, perseverante y capaz de jugarse la vida para combatir el terrorismo, riguroso en su aplicación de la ley que juró defender, tierno, sensible y sencillo en su día a día…
Cuentan que Romanones, cuando fue propuesto para ocupar un sillón de académico, recibió adhesiones de palabra bastantes para asegurar su ingreso pero que a la hora de la verdad esas adhesiones le fallaron y fue rechazado. Cuando su secretario le dio la noticia, el político le preguntó cuántos votos favorables había conseguido y éste respondió que ninguno. Romanones torció el gesto y musitó dolido: “Joder, ¡qué tropa!”. Marlaska ha ido empeorando a partir del momento en que fue designado ministro del Interior por el nuevo presidente Sánchez, aquel guapo sujeto que tildó a Rajoy de indecente en un coloquio televisado y que ganó una moción de censura alegando que venía a sanear el Gobierno y erradicar de una vez por todas, las corrupción reinante. Una vez finalizada esta elevada misión para la que había sido designado por fuerzas divinas, prometió dar paso a elecciones generales, pero se olvidó. El encargado de subir al estrado para defender la moción anti corruptos está hoy en la cárcel por chorizo y proxeneta y el que le sucedió en el cargo no solo está acusado de lo mismo sino que ahora sabemos que era el jefe de una organización dedicada a la extorsión y el chantaje. Marlaska, ministro del Interior desde el minuto uno de esta etapa vergonzante, solo deja de mentir cuando se queda callado y se ha convertido en un personaje de calidad humana ínfima, de credibilidad inexistente y de proceder execrable que ha colaborado activamente en el desarrollo y consolidación de esta trama, ha malbaratado su palabra –jamás había tenido contacto alguno con Leire, brazo ejecutivo del hampa, pero ya se sabe que se reunió con ella varias veces- y ha consentido y fomentado la corrupción sistemática de las altas copas de la Guardia Civil aunque no sube el sueldo a los guardias y los priva de material y armamentos que les cuestan la vida. Romanones tenía razón. “Joder, ¡qué tropa!” este Marlaska.
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