La primera encíclica de León XIV

Publicado: 11 jun 2026 - 08:20
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Fue el pasado 15 de mayo, exactamente ciento treinta y cinco años después de que el Papa León XIII firmara su histórica encíclica “Rerum novarum” cuando su actual sucesor León XIV firmara su primera encíclica: “Magnifica humanitas”

Siempre que un Papa publica una encíclica, ésta suele tomar su título de las primeras palabras con las que comienza.

Considerando que la encíclica actual se inicia con la frase “la magnífica humanidad que Dios ha creado” lo más adecuado fue que el título de la primera encíclica de León XIV fuese precisamente “magnifica humanitas”

Una vez más se ve la preferencia de la Iglesia (fiel reflejo del amor divino) por la persona humana; preferencia que ya encontramos en el Salmo 8: “¿Qué es el hombre para que te ocupes de él?”

Como bien lo señaló San Juan XXIII la Iglesia es al mismo tiempo madre y maestra.

Como madre nos cuida amorosamente procurando nuestra felicidad terrena y eterna. Y como maestra nos enseña el camino que nos conduce a la salvación eterna.

En el citado documento pontificio, León XIV nos dice que la humanidad de nuestro tiempo se encuentra ante un grave dilema: O bien dejarse llevar por la soberbia levantando una nueva Torre de Babel que solamente trae confusión o bien edificar una ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos.

La Iglesia, con amor de madre y prudencia de maestra, por medio de León XIV nos convence que la humanidad solamente podrá alcanzar la felicidad terrena y eterna edificando la Ciudad de Dios de la que nos habla San Agustín.

La Torre de Babel de nuestros días que sólo trae confusiones y discordia en gran parte se apoya en la llamada inteligencia artificial que pretende resolverlo todo haciendo a un lado a Dios.

Y así como a finales del siglo XIX, ante la deshumanización provocada por la revolución industrial, la Iglesia, por medio de León XIII, dio soluciones con la “Rerum novarum”, de igual manera, en nuestros días ante el peligro de la deshumanización provocada por la tecnología, la Iglesia, por medio de León XIV, nos da soluciones con la “Magnifica humanitas”

Es de vital importancia señalar que León XIV no condena de un modo tajante a la inteligencia artificial.

Nada de eso. Lo que el actual Sumo Pontífice pide en su encíclica es que a la inteligencia artificial se le impida el dominio sobre lo humano, lo cual significa que hay que desarrollar la tecnología haciéndola acogedora.

El Papa advierte el riesgo de que el avance tecnológico venga acompañado de soberbia, concentración de poder y pérdida de sentido moral.

A fin de cuentas, la inteligencia artificial no es más que una máquina. Y jamás la máquina podrá sustituir a la persona humana y mucho menos dominarla. Y es que un robot puede hacer lo que hace un hombre, pero no es un hombre.

El nombre mismo lo explica todo: Inteligencia Artificial lo cual significa que, por ser artificial, no puede existir sin la natural.

Repetimos: León XIV no condena la inteligencia artificial, sino que más bien aboga por el control de esta.

Y es que si no la controlamos estaremos dando vida a un Frankenstein que lo primero que hará es dar muerte a su creador.

Quizás muy pronto se escuchen voces atacando a la encíclica con el sofisma de que misión de la Iglesia debe reducirse al anuncio del Evangelio.

Argumento torpe y falso por la sencilla razón de que el anuncio del Evangelio jamás puede olvidar la vida concreta de los pueblos debido a que el Cielo se gana aquí en la tierra.

Y si aquí en la tierra, por medio de la inteligencia artificial, se fabrica una Torre de Babel que solamente trae confusiones, misión de la Iglesia es advertir del peligro.

Y si mal empleada la inteligencia artificial -que no es natural sino artificial- aparta al hombre del buen camino, el Papa hizo lo que tenía que hacer al aconsejar que la misma esté al servicio del hombre pero sin esclavizarlo.

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