José Teo Andrés
Algo pasa en la UVigo
La Universidad de Vigo ha perdido 500 puestos en diez años en el ranking de Shanghai, el más importante y considerado internacionalmente. Es una auténtica barbaridad que debe hacer reflexionar. Algo no se ha hecho bien. Cierto que hay otros barómetros mucho más positivos, en especial en aspecto parciales, y que la UVigo es todavía una universidad muy joven, un dato a tener en cuenta. Pero el algodón no engaña: en 2017 figuraba entre las 500 mejores del mundo: algo se ha averiado en la sala de máquinas. ¿Endogamia profesional? ¿Falta de ambición? ¿Conformismo con la posición que ocupa la universidad viguesa entre las miles existentes en el mundo? Esto último lo niega la catalogación hace diez años realizada por el propio ranking, que entonces colocaba a la institución académica en posiciones de “champions”.
Por poner un ejemplo reciente de inconformismo, la Autoridad Portuaria acaba de aprobar un plan de inversiones y de poner en marcha la redacción de otro estratégico (de los de verdad, no los documentos huecos que se aprobaron en Vigo) precisamente para tratar de situarse en la élite europea de las grandes terminales. No va a ser fácil ni barato, pero hay un objetivo concreto, debilidades detectadas y se han puesto los medios adecuados para avanzar. Veremos. El camino está fijado y además, a corto plazo, con 2030 como meta.
En la UVigo hay el peligro de un exceso de condescendencia y dar por bueno sin más el descenso de categoría como un hecho inevitable contra el que nada se puede hacer. La nueva rectora acaba de ser elegida y tiene seis años por delante para marcar posiciones y cambiar la inercia. Me consta que en la Universidad no se tienen muy en cuenta los rankings y no les hacen mucho caso. Pero cuenta, y mucho. Así que sí, hay que hacer caso a los expertos de Shanghai y ponerse en marcha.
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