Atlántico
Era de esperar
En algunas ocasiones, la memoria se entromete entre los desmemoriados y obliga a recordar situaciones que no agradan. Ahora que las tiendas de campaña han vuelto a la Puerta del Sol en unos momentos que huelen a final de ciclo que apestan, no es gratuito recordar a los que no lo recuerdan, que el 15 de mayo de 2011, cuando se produjo aquella primera concentración que también acampó en el mismo lugar y protagonizó un pronunciamiento en contra del capital y a favor de los más desventurados, el presidente del Gobierno era José Luis Rodríguez Zapatero –el de las joyas- quien aquel mismo mes advirtió que su partido estaba comenzando a perder aire a pesar de los muchos esfuerzos llevados a cabo desde el poder y Moncloa para desvincularse de toda presencia en el catálogo de prioridades que manejaban los indignados. El PSOE perdió las elecciones que dirimían los gobiernos autonómicos y municipales. Perdió Castilla-La Mancha y Extremadura por primera vez, y, además de sufrir una histórica derrota en el municipio de Sevilla, se quedó por primera vez también sin la alcaldía de Barcelona.
Quince años después, la Puerta del Sol vuelve a convertirse en el epicentro de una masiva concentración inspirada en este momento por el desahucio de una inquilina octogenaria a la que se puso en la calle en la calle de Saiz de Baranda en el distrito madrileño de Retiro. Y lo que son las cosas, el presidente del Gobierno es también socialista, se llama Pedro Sánchez y todo parece oler también en este caso a un final de ciclo traumático. Sin embargo, en este caso llueve sobre mojado y las hemerotecas son tan insistentes que no te dejan olvidarte de nada. Sánchez, que en sus días de oposición y en sus programas electorales prometía que iba a acabar con los desahucios, no solo no lo ha hecho sino que estos episodios que suelen arrancar las entrañas como en el casi de Maricarmen, han aumentado y de modo escandaloso. Ocho años en la presidencia del Gobierno no han bastado para encarar el problema y mucho menos, paliar el de la ausencia de vivienda que hoy se ha convertido en la pesadilla de los españoles. La memoria se entromete siempre y es que no respeta nada.
Contenido patrocinado
También te puede interesar