Acuerdos y desacuerdos

Publicado: 19 ago 2021 - 03:44

El rey Fernando VII y el bandolero señorito Luis Candelas no compartían grandes cosas. Durante el reinado del primero, el segundo era petimetre por el día y julay por las noches, en las que se convertía en jefe de una partida de asaltadores que expoliaba las viviendas de los ricos y cautivaba con su guapeza a las damas mientras las despojaba. El monarca no llegó a verlo con el cuello atornillado en el garrote porque se murió antes, y la firma que se estampó en la sentencia de muerte del bandolero fue la de su viuda María Cristina, reina gobernadora.

Pero ambos compartían una pasión. La que los dos sentían por una mujer de tronío llamada Lola la Naranjera que era amante de ambos y por cuyo cariño porfiaban. Candelas sabía que compartía con el soberano felón los favores de la bella, pero Fernando no tenía ni la menor idea de que María le engañaba con el bandolero perdulario. Si lo hubiera sabido le hubiera mandado matar, aunque fuera un ciudadano de lo más honorable.

Esas paradójicas concomitancias que conectan personajes completamente dispares no son en absoluto extrañas y se dan más de lo que cabe suponer. En estos tiempos en los que abundan las sociedades hedonistas con gustos exclusivos y placeres sumamente exclusivos, se manifiestan en situaciones más domésticos. No es por tanto estrambótico sospechar que la afición por un determinado equipo de fútbol reúna y acuerde caracteres francamente encontrados, ni es impensable que gente que no tiene nada que ver se mantenga unida por la admiración incondicional a un determinado intérprete. Hace unos día leí que una de las cosas que comparten multitud de políticos de Vox y de Podemos es su entrega rendida a la extraordinaria figura de Rocío Jurado que apasiona a ambas fracciones. La Mas Grande fue una extraordinaria voz que nos cautivó a todos incluso a los que no nos gusta el género en el que ha triunfado. Si la memoria y el legado de una mujer de prendas tan sobresalientes como Rocío Jurado es capaz de concretar entusiasmos en idearios políticos tan opuestos, cabe las esperanza de pensar que hay posibilidades de que se alcancen consensos de mínimos. Bueno será suponer por tanto que la música amansa a las fieras.

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