Fernando Jáuregui
Sánchez hace añicos 'su' historia en once minutos
Como Feijóo se figura ya investido, seguro que lo primero que ha hecho es ponerse manos a la obra para construir el millón de viviendas que ha prometido. Sin embargo, ni Feijóo es presidente del Gobierno, ni lo de los pisos será, si es que el candidato del PP llega a La Moncloa, no ya lo primero, sino ni lo último que se le ocurra. Demasiado reciente está su voto contrario al Decreto que perseguía la accesibilidad de los españoles a una vivienda asequible precisamente.
De Feijóo y Abascal se sabe que no pueden ver ni en pintura a Pedro Sánchez, es más, que le odian como si les debiera dinero, pero de su proyecto político nada se sabe, aunque cualquiera puede imaginárselo perfectamente a partir de su levantisca acción opositora: se opusieron a la subida del salario mínimo, al incremento de las pensiones, al escudo social contra los desahucios, a la amnistía para la pacificación de Cataluña, a la regularización de los trabajadores inmigrantes que residían en España, a la política exterior contraria a los desmanes de Trump y Netanyahu, y a todo lo habido y por haber que propusiera el frágil Gobierno que ahora se despide.
Diríase, vista la euforia de PP-Vox, que lo que ha hecho Pedro Sánchez no es convocar elecciones anticipadas, sino traspasarle directamente la presidencia a Feijóo y la vicepresidencia a Abascal. Eso sí, falta, para exacerbamiento de esa ansiedad, el paso por las urnas, que por mucho que las derechas supongan ya sorteado triunfalmente porque se lo han dicho las encuestas, no se efectuará hasta el 29 de noviembre. Para entonces, la explosión de indignación popular, transversal y mayoritaria contra la demencial carestía de la vivienda y contra la postura de las derechas sobre el particular, puede que no obre sobre el ánimo de los electores como lo está haciendo ahora, pero también pueden explotar, indignar y aterrar otras cosas, como, sin ir más lejos, la escalofriante perspectiva de Vox en el poder. Pero Feijóo y Abascal se figuran ya investido y sub-investido respectivamente, y de los españoles dependerá darles ese gusto o no.
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