Miguel Anxo Bastos Boubeta
Delcy, Trump e Sánchez
Hay percepciones que no pueden ser rebatidas y que uno se imagina imposibles de modificar salvo intervención divina. Uno de esos ejemplos de sospecha, camino de convertirse en realidad insoslayable, es la de que la final del Mundial compartido con Marruecos y Portugal, se jugará en el nuevo estadios Mohamed VI, –un reciento que será el de mayor aforo del mundo con capacidad para casi 170.000 espectadores- ahora que ya sabemos que Infantino se ha pasado la mayor parte de sus vacaciones en tierra marroquí, y conocemos también que el nuevo primer ministro del reino alauita no va a ser otro que Fouzi Lekjaa, que es también –y además de multimillonario y amigo del monarca si es que el monarca tiene amigos- presidente de la Federación Nacional de Fútbol de Marruecos. Poco va a importar que su partido, el PAM, no haya conseguido una mayoría significativa -97 de 395 escaños en juego- en unas elecciones en las que la participación apenas supera el 38% del censo y es la más baja en veinte años. Da lo mismo. En realidad el PAM es un partido fundado para dar cobijo a lo que el soberano decide, fue fundado por un colega suyo de los tiempos de colegial al que nombro después su jefe de Gabinete, circunstancias todas ellas que alejan irremediablemente la final española. También parece irremediable a pesar de los subterfugios de los que está echando mano, que José Luis Rodríguez Zapatero acabe ingresando en la trena ahora que su explicación de la procedencia de las joyas y su valor real no acaban de convencer a Hacienda ni al juez que instruye el caso. Zapatero es otro de esos accidentes naturales de los que cualquiera puede sospechar, a la vista de los escenarios que se vislumbran, que lo de las joyucas es una modesta parte de lo que ocultan sus negocios, en los que se ha permitido involucrar a sus hijas que ya tiene tela. La tercera realidad insoslayable es la desaparición de los premios literarios porque con el resurgir de la IA no va a resultar fácil distinguir su procedencia si es que no ocurre ya. Yo, lo que escribo, lo escribo a pelo pero por los demás no pongo la mano en el fuego. Yo no soy María Jesús Montero.
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