Manuel Orío
Fuera de casa
El desalojo de Maricarmen, la señora de 87 años y de salud precaria, que ha sido desterrada de su casa por orden judicial y ha salido de ella tras una intervención policial, en camilla, asistida por un equipo sanitario y aplaudida por los vecinos de la calle Saiz de Baranda en Madrid en la que residía, rumbo al hospital 1º de Octubre, es uno de esos casos desgarradores que ningún gobierno desea padecer pero que se siguen produciendo a pesar de que en todas las campañas anteriores a una consulta electoral, todos ellos prometen que van a acabar con esos dramáticos desalojos. En este caso también ha sido así, y a Sánchez se le llenaron los carrillos de garantizar que su gobierno acabaría con una situación tan dolorosa y que él y su equipo desarrollaría una estrategia capaz de resolver el problema de la falta de vivienda, un problema que sin embargo, lejos de resolverse, se ha convertido en la primera preocupación de los españoles como se determina claramente en las encuestas elaboradas por el CIS o lo que es lo mismo, las que se encarga de cocinar el catedrático Félix Tezanos, Cuando Sánchez ganó la moción de censura que los convirtió en presidente del Gobierno, el asunto de la vivienda ocupaba en la escala de alarma de los españoles el puesto número 10. En estos momentos, es el primero y con el suficiente respaldo popular para ser, en esta dramática clasificación, líder en solitario.
Y además, esos ministros que forman el llamado Gobierno de España no solo parecen en desacuerdo al respecto sino que, simplemente lo están. Resulta patético escuchar las durísimas críticas formuladas por los miembros del Ejecutivo que pertenecen a los partidos que sostienen la mayoría gobernante, contra el propio Gobierno del que forman parte, comportándose como un partido de la oposición. El comportamiento es tan sorprendente e irrisorio que el contribuyente asiste a una lluvia de reproches que se detienen en cuanto se produce la posibilidad de romper el pacto. Si su comportamiento fuera honesto, se acabaría el acuerdo y, a votar.
Y luego está Margarita Robles, que ayer dijo públicamente que Maricarmen se quedaría en casa. Acertó de plano.
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