Benito Iglesias
España no aguanta más. ¡Elecciones ya!
Lo ocurrido este viernes en el Congreso de los Diputados con la fulminante caída de los decretos de vivienda no es un tropiezo parlamentario más: es el certificado de defunción definitivo de una legislatura agotada y la constatación última de la insolvencia política de un Pedro Sánchez que ha agotado toda su credibilidad. El Ejecutivo, acorralado en su soberbia, arrastró al Pleno un paquete de medidas de enorme calado y repercusión social sabiendo que naufragarían. El portazo de Junts, sumado al rechazo frontal de la oposición, dejó al presidente descompuesto y huyendo de un hemiciclo que ya le queda inmenso. Hoy, acorralado por el colapso de su rodillo institucional, Sánchez vuelve a especular con un falso periodo de reflexión sobre un adelanto electoral, buscando instrumentalizar políticamente un descontento que el mismo ha fabricado,ya veremos con qué intención. El caso "Maricarmen" no salta a todos los medios por una casualidad,en fin. Lo suyo ya no es gobernar conforme a las reglas del Estado de derecho; es una agonía sostenida a base de parches y clientelismo.
Mientras, la España real se desangra ante una brutal crisis habitacional que asfixia a jóvenes y familias, convertida en un insulto diario por la inacción estatal (menos mal que aún tenemos a CCAA responsables que hacen lo que tienen que hacer, viviendas, como en nuestra Galicia). Lejos de proponer soluciones estructurales —como liberalizar suelo, blindar la seguridad jurídica o estimular una oferta real—, el Gobierno de Sánchez recurre a la demagogia de los decretos exprés concebidos exclusivamente para contentar a sus socios y tapar sus vergüenzas institucionales. Pretender legislar sobre un drama de esta magnitud a golpe de Decretos fallidos y con una mayoría parlamentaria rota, únicamente refleja ya el ocaso de una legislatura fallida.
Un país de la dimensión de España no puede ,ni debe, depender de los caprichos de última hora de unos aliados que solo buscan dinamitar la estabilidad nacional. Lo padecemos con la vivienda y lo sufrimos a diario con la deuda pública desbocada, un déficit crónico, la asfixia del tejido productivo, la falta de competitividad fiscal y el deterioro constante de los servicios públicos. Cada votación se ha convertido en una agonía insoportable donde la gobernabilidad de la nación se subasta al mejor postor. Por todo ello, España necesita con extrema urgencia un cambio de rumbo político. España no puede permitirse ni un día más de parálisis estructural, de improvisación económica y de erosión institucional. Gobernar exige un Gobierno sólido, con capacidad para pactar reformas de Estado de largo alcance, rigor presupuestario y, sobre todo, un respeto inquebrantable a las reglas constitucionales. España clama por un Gobierno serio, responsable, con dignidad, con un proyecto de país claro y con la legitimidad necesaria para devolverle la voz a los ciudadanos en las urnas. ¡Elecciones ya!
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