La erótica del poder
Para un político español la erótica del poder es mandar, poder quitar una multa a los amigos o realizar una recalificación de terrenos para ganarse una sabrosa comisión. Para un político francés y más si es presidente, la erótica del poder está más relacionada con el erotismo que con el poder. Dejando a un lado todas las cuestiones relacionadas con la vida íntima y la seguridad del Estado resultaría menos oneroso y traumático que los políticos corruptos españoles de toda laya se dedicaran más al sexo y menos a llevarse lo que no es suyo: ellos disfrutarían más allá con sus conciencias- y el resto sufriría menos y les perdonaría el desliz. Aquí las cosas de alcoba no son asunto de Estado. O casi no.
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