Pilar Falcón
El espectáculo de las expectativas
Se supone que “el gran reemplazo” es una teoría de la conspiración de extrema derecha que detalla cómo las élites políticas de la UE estarían reemplazando poco a poco a los ciudadanos europeos por inmigrantes africanos. El problema es que las teorías de la conspiración no deberían tener una base real para ser consideradas así. Y la afirmación de “el gran reemplazo”, si bien el verbo “reemplazar” resulta un tanto hiperbólico, tiene toda la base que quieras, como puede comprobar cualquiera consultando directamente las estadísticas de Eurostat, a ser posible antes de que pasen por el maquillaje de la Comisión Europea.
Por otra parte, por primera vez desde 1960 el número de nacimientos en la UE ha caído por debajo de los 4 millones. Los datos de España son un paradigma: acabamos de saber que estamos en el punto más bajo de la tasa de natalidad desde que comenzaron los actuales registros en 1941. Lo que sí que asciende un año más en nuestro país es la natalidad de madre extranjera, ocupando ya el 24,4% del total de nacimiento del pasado año.
Como dijo el poeta, si parece un pato, anda como un pato, nada como un pato, grazna como un pato, es familia del Donald, y sabe a foie, es un gran reemplazo.
El Gobierno de Sánchez acaba de aprobar de manera bastante sigilosa la reforma de la Ley de Extranjería para dar papeles a más de un millón de inmigrantes ilegales en los próximos tres años. Un millón. Imagino que piensa alojarlos a todos en La Moncloa. Este millón supera las más de 800.000 regularizaciones que trajo consigo la polémica Ley Caldera del 2005, con la que Zapatero trató de asegurarse unos cuantos cientos de miles de votos socialista extra. Aquella regularización masiva fue un escándalo que ocupó horas y horas de radio, periódicos y tertulias de televisión, mientras que la actual jugada de Sánchez casi está pasando desapercibida, en medio del mar de corruptelas, torpezas y maldades que rodean estos días al Gobierno.
La regularización masiva de Caldera, aquel ministro del paro, provocó un brutal efecto llamada que se tradujo en una sucesión de asaltos violentos a las vallas en la frontera española. Preguntado por la oposición por esta cuestión, el entonces ministro explicó que los inmigrantes tratan de entrar a la fuerza porque no se han enterado la regularización porque no leen el BOE. Si piensas que estoy de coña, puedes consultar la hemeroteca. Resulta reconfortante, porque se ve que lo de los ministros que toman por gilipollas a los ciudadanos no son un invento de hoy.
Sánchez tenía planeada esta regularización antes de que comenzaran a estallar los escándalos que, casi total seguridad, acabarán con su carrera política tarde o temprano. No obstante, siguiendo su “manual de resistencia”, ahora la saca adelante de todos modos, pensando que si por casualidad se salva del entramado judicial de su mujer, su hermano, y sus ministros embarrados, tal vez pueda pescar un millón de votos comprados con el regalo de papeles de nacionalidad a un montón de tipos que entraron ilegalmente en España, sin que sea fácil aclarar cuáles son sus intenciones en el país, además de pagarnos las pensiones, según el imaginario zurdo de unicornios de colores.
La jugada es sucia, típicamente sanchista, pero tal vez no esté bien calculada: observa la sorprendente cifra de votantes de Trump entre los imigrantes legales en las últimas elecciones y comprenderás que, después de todo, los primeros en aborrecer los premios a la inmigración ilegal son los que han entrado en el país con todo en regla.
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