Alberto Barciela
A la luz de los años
La cumbre de la OTAN en Ankara a la que Begoña Gómez no ha podido asistir simplemente porque el juez no lo ha permitido, ha finalizado con un número de fuerza como nadie en su sano juicio podría haberse imaginado. El anfitrión Recep Erdogan, presidente del Gobierno de Turquía y antiguo jugador de fútbol –juego de defensa lateral derecho- finalizó la cita regalando un estuche a cada uno de los asistentes a esta cita que contenía un revolver con el nombre de su futuro dueño grabado, la documentación necesaria para ser trasportado al exterior y un tambor con seis proyectiles. Aunque no ha trascendido el nombre de aquellos que se lo han quedado, sí se sabe el de muchos de los que no han querido ni verlo. Pedro Sánchez, por ejemplo, lo ha despachado a España por la ruta más rápida posible para que se encargue de él el grupo de especialistas de la Guardia Civil que lo inutilizarán y lo convertirán en pieza de museo. El premier Starmer de la Gran Bretaña lo ha depositado en la embajada de su país, y el primer ministro belga lo entregó a la policía del aeropuerto. No es frecuente que un jefe de Gobierno arme hasta los dientes a sus colegas europeos para que en caso de desacuerdos muy intensos en sus diálogos internacionales tiren de quitapenas y se líen a tiros estrenando el juguete con el que les ha obsequiado el colega Erdogan, pero este curioso presente también viene a definir la personalidad del sujeto. Una cosa así podría quizá ocurrírsele también a Donald Trump que lo acompañaría tal vez con un sombrero, unas botas, un lazo y una estrella de sheriff, pero a pocos responsables de países con ejecutivos de buena catadura se les pasaría por la imaginación despedir a sus huéspedes en una cumbre política provistos con semejante recuerdo.
La única duda que plantea este episodio tan dislocado de la actualidad internacional, apunta hacia José Luis Rodríguez Zapatero y qué hubiera hecho con él en caso de que hubiera sido el presidente. A juzgar por los comportamientos que le han caracterizado a este sujeto –que sigue sin dar una explicación a todo lo que había en su caja fuerte- puede sospecharse que no lo habría devuelto. Lo que se da no se quita.
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