El anuncio

Publicado: 06 oct 2026 - 09:16
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Opinión. | Atlántico

La semana se inicia con un mensaje de alcance. Tras un fin de semana dedicado al estudio riguroso de posibilidades, consulta de encuestas, conversaciones con los más allegados y cálculos matemáticos, Pedro Sánchez ha resuelto disolver las Cámaras y convocar elecciones. Será el domingo 29 de noviembre antes por tanto de las municipales y autonómicas que tienen como fecha el próximo 23 de mayo con un nuevo Gobierno en Moncloa sea del color que los españoles deseen que sea. Eso es precisamente lo que estaba solicitando el país y es lo que Sánchez se ha avenido a convocar. No exactamente porque los españoles lo pidan en su mayoría, sino porque supone que la agitación en la calle y en general, la situación de hoy con los dos decretos en juego le benefician. No hay nada de generosidad y sentido del deber en ello. No hay en esta convocatoria ni un ápice de grandeza. Hay un cálculo frío de lo que a él le resulta más rentable. Si él y sus consejeros hubieran decidido que la maniobra más razonable hubiera sido, por decir algo, la expulsión de los Jesuitas, la Compañía estaría hoy camino de la frontera.

Los analistas políticos se han colocado el fonendo y se han puesto a desmenuzar este anuncio que, por cierto, vuelve a ser un ejemplo fantástico para calibrar la viciada manera de gobernar establecida por Sánchez que hoy dice una cosa y mañana la contraria. Se afirmó en público y en privado, en cuanta ocasión le salía al camino, aquí y en el exterior, que cumpliría rigurosamente el tiempo reglamentario. Y fiel a su estilo, no ha cumplido.

Sánchez supone que la algarada sobre la vivienda, que ha tratado de manipular a pesar de que la correcta interpretación del episodio dice que él es el objetivo recurrente de la protesta, –sin presupuestos el país está paralizado y no genera obra pública- le beneficia. Y no tiene apuro alguno para aprovechar el dolor de sus administrados, su mal vivir y sus apuros, para manejar sin escrúpulos esa pena y esas carencias en favor de sí mismo. Puede salirle bien o salirle mal, eso ya es cosa de los españoles. Quien va a mandar en ello es la urna.

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