Adro: un espacio con corazón donde coge O Morrazo entero

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Este local está situado en pleno casco vello de Cangas, frente a la excolegiata, es la apuesta cultural que el barrio necesitaba y que unos jóvenes se atrevieron a hacer realidad

Paulo y Andrés en el photocall del local.
Paulo y Andrés en el photocall del local. | S.R.

Imagina un sitio donde una señora mayor se arranca a bailar música tradicional gallega junto a universitarios, donde los niños tienen su propio espacio mientras sus padres disfrutan de un concierto, y donde todo eso pasa a la vez que alguien te sirve una caña fría y una tapa bien preparada. Ese sitio existe, se llama Adro, y está en el casco histórico de Cangas. No es un bar. No es una sala de conciertos. Es todo eso y ninguna de esas cosas a la vez, y esa es exactamente la gracia.

Si hay una imagen que resume la magia intergeneracional de Adro, es la de sus foliadas mensuales. Estas sesiones de música y baile tradicional gallego se han convertido en uno de los eventos más concurridos del local, con un fenómeno curioso: nadie sabe muy bien qué edad tiene mientras baila. “A xente maior séntese nova bailando e a xente nova séntese moi nova.” Una misma pista, edades mezcladas, el gallego de toda la vida sonando en altavoces de última generación. Pocas cosas más bonitas que eso un sábado por la tarde.

La programación de Adro no entiende de géneros ni de edades. Música tradicional, rock and roll, artes escénicas, presentaciones de libros… y próximamente tres espectáculos y dos presentaciones de libros dentro de la programación internacional de la Mostra de Teatro de Cangas. El cartel está pensado para que cualquier vecino de O Morrazo, sea cual sea su edad o sus gustos, encuentre algo suyo. Y cuando dicen todos, lo dicen en serio: también están diseñando propuestas para los más pequeños y sus familias, porque entienden que la cultura empieza desde el principio.

Todo ello regado con “unha cervexa fresca, un viño de calidade, sempre coa tapa ben preparada”, cuentan a Atlántico sus cuatro responsables, Paulo, Roi, Elena y Andrés. Ese dueto entre cultura y hostelería que parecía abandonado es aquí la columna vertebral del proyecto.

El barrio, parte del proyecto

Adro está frente ubicado frente a la excolegiata de Cangas, rodeado de vecinos, y eso no es un problema sino una seña de identidad. La relación con la vecindad es de las que se cuidan: “Temos moi boa relación con eles. Queremos que poidan descansar e que tamén sexan a nosa clientela.” Forman parte de la comunidad, y la comunidad forma parte de Adro.

Para que esa convivencia fuera posible desde el día uno, la inversión en insonorización fue enorme. El resultado es casi cinematográfico: desde fuera puedes ver a decenas de personas bailando en un concierto y no escuchar absolutamente nada. Cultura en el centro, sin renunciar a nada.

Porque quedarse en el casco urbano era innegociable. “O ocio sacouse fóra do casco urbano e ao final arruinou todo o que había dentro.” Adro apuesta por revertir esa tendencia con la misma energía con la que sirve cada caña.

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