Kilos de langosta contra las altas temperaturas
Las raciones previstas se quedaron cortas con la avalancha de comensales que desafiaron un calor sofocante en A Guarda
A Guarda clausuró la Festa da Lagosta e da Cociña Mariñeira con una muy aceptable presencia de comensales y público en general, que compartieron las alternativas culturales organizadas como complemento de esta cita gastronómica que ensalza a la reina de los mariscos, entre esas propuestas, la navegación a bordo del volanteiro “Piueiro”, de la asociación homónima. Pese a las altas temperaturas que, demoraron, sobre todo a la hora del “xantar” la presencia de asistentes, la cita guardesa con la buena mesa cumplió con las previsiones de los restauradores y organización, esta a cargo del Ayuntamiento, que se inició con la venta de 70 kilos de langosta el primer día. Así lo certificaba la técnica de Turismo, Rosalía Verde, quien destacaba la presencia de público procedente del interior de España, como Toledo, Soria, Salamanca que se sorprendieron de las altas temperaturas con las que se encontraron en Galicia. “Pero, ¿no estamos en la comunidad más lluviosa de España?, interrogó al corresponsal algún ciudadano alarmado por los más de 30º que se soportan un día sí y al siguiente, también y que pretendían combatir con el abanico de la “Festa da Langosta”, obsequio del concello a quienes lo solicitaban en el stand de información. Hay que valorar el esfuerzo de los grupos que realizaron los pasacalles, fundamentalmente aquellos que, como los de gaitas de la Tercera Edad y A Boalleira, y las treboadas de O Trebón dos Xidos, recorrieron las rúas bajo unas temperaturas inmisericordes acrecentadas para quienes respetaron la tradición del traje que les identifica con las raíces gallegas.
Ayer domingo, las seiscientas sillas preparadas en la edición de 2026 fueron insuficientes. Sobre las mesas, toda la variedad de productos disponibles por los restaurantes que se concitan en esta celebración: Casa Olga, O Roxo, Cangrexal y Xeito, frente a los cuales se formaban colas aguardando turno para recoger la “carta” personal elegida. La “cociña mariñeira” se ampliaba con el postre local, la rosca de yemas guardesa, producto creado en 1956, compartiendo estantería o mesa, con otros dulces sin “denominación local”, pero no menos guardeses. “Los resultados finales no están elaborados, aún”, justificaba uno de los restauradores, pero aseguraba que “me siento satisfecho, frente al temor inicial por el calor de estos días”.
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