Camposancos reivindica que se recupere el colegio de Jesuitas
El edificio se encuentra en avanzado estado de degradación tras cerrar definitivamente sus puertas en la década de los ochenta como centro de actividades extraescolares
La silueta del antiguo colegio de los Jesuitas, Santiago Apóstol, preside desde hace casi siglo y medio el barrio de A Pasaxe, en Camposancos. En la actualidad, el edificio presenta un patente estado de abandono y degradación que según asegura la presidente de la entidad menor local, Merchi Rodríguez, “preocupa ós camposinos, aos que lles gustaría que fora recuperado e tivera un uso, ao menos en parte, social ou cultural. Forma parte da propia historia da parroquia e é unha mágoa o estado no que se atopa”.
El historiador del Arte Óscar Goyás ha recopilado numerosa información sobre el edificio, su historia y diferentes usos a lo largo del cerca de siglo y medio de su existencia en su trabajo de fin de máster en Gestión del Patrimonio Histórico y Artístico. Esta investigación le permite asegurar que “é maior o valor histórico do edificio que o arquitectónico. Este colexio acolleu unha das institucións educativas máis importantes da súa época, logrando reunir por primeira vez a colexiais, seminaristas e universitarios" y "maior emporio do saber de toda España". "Ademais de conter, indubidablemente, unha forte carga de Memoria Democrática polos seus usos durante a Guerra Civil e primeiros anos da posguerra, chegando a ser nomeado ‘a porta do inferno’”.
A este legado histórico se une el emocional, ya que gran parte de los vecinos de Camposancos “tiveron algún tipo de relación co colexio”, recuerda Merchi Rodríguez. Y es que durante los años de internado y, después, como seminario o centro de actividades extraescolares de los alumnos del centro de Vigo, un uso que duró hasta mediados de los ochenta, muchos camposinos trabajaron en el centro. Otros, incluso, estudiaron en sus aulas durante su última etapa como escuela de vocaciones de los Jesuitas, que se alargó desde el año de 1943 al de 1959, momento en que cerró.
El proyecto del exjugador del Celta, Valery Karpin, de convertir el edificio en un centro de talasoterapia, un geriátrico y adosados de lujo se convirtió en humo, pese a que en el 2005 se llegó a publicar el cierre de la operación. Eso sí, la intervención estaba pendiente de la aprobación del PGOM de A Guarda, donde según el alcalde de aquella época, Domínguez Freitas, incluía el convenio del colegio. Otro condicionante era la Ley de Costas, ya que parte de los 45.000 metros cuadrados de la finca era suelo urbano no consolidado. Al final, todo quedó en nada y la degradación continuó, llegando a sufrir ocupación y algunos saqueos.
Un espacio con una gran vinculación con toda la comarca
Los terrenos sobre los que se levanta el colegio Santiago Apóstol de Camposancos albergaron desde principios del siglo XIX un polo de desarrollo y comercio de vital importancia para la parroquia y para toda la comarca. Y es que en esta ubicación se encontraban en el 1830 almacenes de coloniales que importaban diferentes mercancías del vecino Portugal y a cuya sombra surgieron también astilleros y negocios de maderas.
El barrio de A Pasaxe fue también la ubicación del muelle que permitía atracar a las barcazas con origen y destino a la población portuguesa de Caminha, con la que ya en la primera mitad del siglo XIX existía una estrecha relación comercial, de intercambio e incluso de matrimonios con cónyuges de ambas orillas. Una relación que en la actualidad se mantiene, pese a que hace más de cinco años que el servicio del ferry “Santa Rita de Cassia” dejó de funcionar y el cruce del río quedara reducido al traslado de peregrinos.
Un edificio histórico y singular que tuvo múltiples usos
El arquitecto José Franco Montes fue el responsable de construir el edificio del colegio tal y como llegó hasta nuestros días. El encargo fue realizado a principios del siglo pasado y en 1909 la actual fachada era una realidad. El autor, arquitecto municipal en aquellos momentos del Ayuntamiento de Vigo, se inspiró, según apunta el Historiador del Arte Óscar Goyás, en elementos de la arquitectura de la zona, como la propia catedral de Tui.
Pero la actividad entre sus paredes se remonta a 1874, cuando compraron los terrenos los Jesuitas y se rehabilita el edificio primigenio, abriendo en 1875 un internado de Secundaria. Esta actividad se prolongará hasta 1916, cuando la compañía se traslada a Vigo. Al frente de este internado estaba el padre Tomás Gómez, verdadero artífice de lo que se convertiría en un centro del saber. Y es que apenas dos años de iniciarse la actividad del internado se lanzan a abrir la primera universidad privada de los Jesuitas en España, germen de la Universidad de Deusto, al igual que el seminario, que abre sus puertas en 1879, sería de la de Comillas. Goyás apunta que la reunión de estos tres niveles educativos “era a primeira vez que se daba nun mesmo centro”.
Entre 1916 y 1932 sus ocupantes serán los jesuitas portugueses, expulsados por segunda vez de su país, en esta ocasión con la proclamación en 1910 de la República. Con la llegada de la II República Española, el edificio es expropiado por el Estado y procede la salida de los padres lusos y en 1936 vuelve a ser ocupado, en esta ocasión ya en plena Guerra Civil, sirviendo como centro de reclusión hasta 1937, en que será campo de concentración, y del 39 al 41 prisión central.
En 1941 regresa a manos de los jesuitas, y será colegio durante tres años. Hasta 1959 será Escuela Vocacional y hasta la década de los ochenta es utilizado como centro de actividades extraescolares por los alumnos de Vigo. A partir de ahí se inicia el proceso de abandono y degradación del edificio.
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