Caminha ultima un barco para retomar la línea con A Guarda

El nuevo transporte sería propiedad de la Câmara de Caminha y podría entrar en funcionamiento en julio, con capacidad para 45 personas y sin admitir vehículos

El ferry “Santa Rita de Cássia” en uno de sus últimos viajes antes de quedar varado en Caminha en junio de 2021.
El ferry “Santa Rita de Cássia” en uno de sus últimos viajes antes de quedar varado en Caminha en junio de 2021. | Antón Ferreira

Tras conocerse que el “Santa Rita de Cássia” no volverá a la actividad, por decisión de Caminha, el alcalde de A Guarda, Roberto Álvarez Carrero, aclara que en sus recientes encuentros con la presidente de la Câmara Municipal de Caminha, Liliana Silva, se le informó que el estado actual del ferry no lo hace operativo. El regidor guardés también señala las dificultades de los arenales, de los que dice que “sin el dragado es absolutamente imposible la navegación porque no hay calado suficiente”. Y añade que, sobre la mesa de la presidente de la Cámara de Caminha, hay una propuesta que se está valorando, de contar con un nuevo barco “a través de un armador de Âncora”, que permitiría hacer un transporte público con capacidad para unas 45 personas, “aunque no podrá cargar coches”. La propuesta está sobre la mesa, no hay señalada una fecha concreta para empezar este servicio municipal, aunque Roberto Carrero cree que podría entrar en funcionamiento a principio de julio, “dicho esto con todas las cautelas”.

Carrero puntualiza que, a través de la Delegación de Costas de Pontevedra, mantuvieron contactos con el Ministerio para la Transición Ecológica para tratar las diferentes problemáticas que afectan al Miño, no sólo respecto al dragado, sino también la proliferación de especies invasoras, tanto vegetales como piscícolas, o la apertura de compuertas del embalse de Frieira que provoca crecidas muy potentes. Y, matiza el alcalde, “hasta ahora no hemos tenido respuesta”.

La ausencia del ferry está siendo suplida por distintas embarcaciones que realizan el traslado de pasajeros, pero sobre todo, de peregrinos que llegan a Caminha y continúan el histórico Camiño Portugués da Costa por A Guarda. Para Roberto Carrero, “es evidente que si no tuviéramos este servicio de lanchas, sería inviable la continuación del Camiño Portugués”. Destaca también la mejora realizada tanto por lo que se refiere a los atraques de estas embarcaciones, como el embarque y la seguridad que ofrecen a los viajeros, añadiendo que “estamos trabajando todas las administraciones para que cada vez sea de mayor calidad”.

Respecto a los comentarios y propuestas sobre un posible puente que uniera las dos orillas en las proximidades de la desembocadura, Roberto Carrero menciona el último estudio que se posee, realizado por el gobierno de Lisboa, en el que “se barajaba un puente, entre Seixas y Lanhelas, que enlazaría con A Guarda y Pías. Es un estudio que se tiene que valorar”.

El ferry que unió las dos orillas durante casi un cuarto de siglo

La primera década de funcionamiento del ferry “Santa Rita de Cássia” se puede considerar de bonanza. El desplazamiento entre Caminha y A Guarda tenía un coste de 1 euro por viaje, y una duración de unos diez minutos. Pero en 2004, la apertura del puente da Amizade, entre Goián y Vila Nova de Cerveira, “despidió” el transbordador que comunicaba las riberas tomiñesas. Pero supuso, también, para el ferry “Santa Rita de Cássia”, una disminución de pasajeros y de vehículos, pasando de los más de 200.000 pasajeros de los primeros años a unos 70.000 en los últimos años de vida del ferry, mientras que los vehículos pasaron de los más de 71.000 a no llegar a los 4.500 en 2019.

A los problemas de navegación por los arenales que crecían en el Miño, cuyo último dragado se realizó en 2008, se añadió el deterioro del pantalán de A Pasaxe, cuya falta de mantenimiento motivó una posible situación de riesgo para los usuarios, y para minimizar esta inseguridad, el ferry dejó de transportar vehículos. El 21 de junio de 2021, el “Santa Rita de Cássia” realizó su último viaje. Y en octubre de ese mismo año, la Xunta ordenó la retirada del pantalán.

El ferry terminó atracado en Caminha. Allí, sin actividad ninguna, y tantas veces varado sobre la arena y el fango en la bajamar, se fue deteriorando su casco y sus sistemas de propulsión. El 25 de julio de 2025, y tras cinco años sobre la arena, fue remolcado en lo que se considera su “derradeiro” viaje a Astilleros Guardamar, en A Pasaxe (A Guarda), con el objetivo de someterlo a revisión, reparación y mantenimiento. Era, es, se dice, su sentencia de muerte definitiva.

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