Los bombos rugieron en Santa Trega
Miles de romeros, agrupados en peñas, subieron el monte en el día grande de las fiestas de A Guarda
Para los que no subieron al Monte de Santa Trega, la Alameda y la plaza de Avelino Vicente, fueron dos de espacios que recibieron a quienes optaron por la tranquilidad y el relajamiento, sin el ensordecedor ruído de las alturas de la montaña que en un día como el de ayer (una vez al año), pierde la serenidad para ser ajetreo, impetuoso discurrir de la jornada hasta que el Sol declina. Quienes cubrieron la distancia de 3,5 km hasta alcanzar la cumbre, bien en solitario o acompañando a las bandas, 22 en la actualidad, lidiaron con el asfalto de la carretera o la tierra de los atajos que serpentean acomodándose a las curvas de nivel.
El “Domingo do Monte”, como popularmente se conoce este día, se puede resumir en tres momentos: el primero es la llegada de bandas a Santa Trega, con retumbar de bombos y cajas que marcan el ritmo de quienes las acompañan, en su mayoría gente joven aunque no faltan los veteranos que sumaron años al mismo tiempo que crecían en edad las bandas.
El segundo elemento es el rojo. El rojo que resbala por la comisura de los labios, tiñe la piel y adorna con “lamparones” las camisas. Porque rojo es el color del vino que se hace también protagonista en el ritual del “Domingo do Monte”. Rojo y polvo en un domingo que, como el de ayer, las altas temperaturas resecan la tierra cuyas diminutas partículas también participan de la “troula” hasta acomodarse, como embriagadas por el tinto, en los cuerpos de los danzantes. Pero el vino es también principal protagonista del acto “más serio” de cada banda, cuando tiene lugar la “Xura”, ese momento que, en otras sociedades pudiera haber sido un rito sagrado pues supone que cada miembro de las respectivas bandas, elevados sobre un ara, alzan –a veces con ayuda- el garrafón de tinto y “xuran”, juran por quienes ya no están, y juran por los que aún quedan o se incorporan, y juran porque volverán, el próximo año, con la Banda a la que pertenecen. Es un momento álgido, de “locura” colectiva enardecida por el ensordecedor retumbar de bombos y cajas. Es un momento que sólo puede experimentar quien alguna vez lo vivió; los demás sólo pueden imaginarlo.
La Banda Negra, la veterana, la pionera, la decana “Xura” la primera; la única que lo hace antes del “xantar”, y en un lugar que fue sagrado: en el Púlpito. Finalizado el encuentro familiar o amistoso en torno del mantel, sin nada que envidiar a la mejor mesa de un restaurante (entrantes, salpicón, mariscos, empanadas... vinos, licores, cafés...) “xurarán” las otras 21 bandas, cada una en su espacio repetido cada año; y en todas con idéntico ritual.
En torno a las seis de la tarde los romeros y las bandas abandonan las alturas de Santa Trega y se produce el descenso para continuar la fiesta en el Parque do Cancelón, popularmente “O Montiño”, donde tiene lugar la merienda-cena.
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