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Si es preferible que las personas hablen a que disparen no vivimos tiempos propicios para el optimismo ni para la esperanza. Los diplomáticos rusos y norteamericanos hablan en Ginebra en el idioma de las amenazas y de los intereses. Más que dialogar, recitan reproches rudimentarios. A pesar de todo es mejor que hablen a que disparen, el sonido de las palabras no puede ser sepultado bajo el silbido de las balas. En la Roma del esplendor imperial se decía: “Si quieres la paz prepárate para la guerra”. Esta consigna la siguen con gran fidelidad actualmente tanto rusos como norteamericanos y los miembros de la OTAN. Preparan y despliegan los soldados dotándolos de las más sofisticadas armas para la guerra.
La estrategia de Vladimir Putin es volver a la arquitectura del viejo imperio ruso, el de los zares y el de la Unión Soviética. Para ello ha puesto en marcha una caricatura de lo que fue el Pacto de Varsovia, creando la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) formado por los estados rusófilos como Armenia, Bielorrusia, Kirguistán, Georgia, Kazajistán y por supuesto Crimea anexionada por las fuerzas invasoras rusas hace ocho años. Ahora el país donde se juega la suerte del planeta es Ucrania. Rusos y occidentales la quieren de su parte en el juego de la geopolítica. Ucrania es el mutuo objeto de deseo. Para conseguirlo Putin ha rodeado la geografía terrestre de Ucrania con collares de hierro y fuego a base de 110 mil soldados, tanques en posición de disparo y otras armas pesadas y sofisticadas de nueva generación. Debemos tener en cuenta que Rusia, cuya renta per cápita es análoga a la de España, dispone del segundo ejército más poderoso del mundo después de los Estados Unidos. Lo que acabo de contar es el despliegue terrestre. En el cielo, los aviones supersónicos rusos trazan un cerco ruidoso al traspasar la velocidad del sonido señalando en el aire las fronteras del país. Tanto en Rusia como en los países de la OSTSC hay contestación a estos planes de Putin y muy en concreto en Ucrania, pero las voces y las manifestaciones en contra se reprimen sin piedad como acaba de suceder en Kirguistán.
A esta exhibición de Putin, los Estados Unidos y la OTAN responden poniendo a sus fuerzas en estado de alerta y envían refuerzos al Este. El Pentágono tiene 8.500 soldados preparados para intervenir de manera inmediata en el caso de que fuerzas rusas entren en Ucrania. El secretario general de la OTAN, Jean Stoltenberg, ha ordenado que los distintos países miembros envíen buques y aviones de combate a la zona. El presidente de los EEUU, Joe Biden anuncia desplazar miles de soldados, aviones de combate y buques de guerra a la frontera Este de Europa. Los soldados de uno y otro lado están en estado de alerta. Un disparo suelto puede ocasionar un incendio. Rusia está haciendo maniobras militares con fuego real en Crimea y en el mar Báltico, la OTAN también entrena a sus equipos en otras áreas del planeta. Los próximos días y las próximas semanas oiremos hablar mucho de paz y mucho de guerra. Nosotros estamos implicados en este conflicto, no como país concreto sino como miembros de la OTAN y dentro de ese compromiso hay que ver el envío de la fragata Blas de Lezo y al buque de acción Meteoro al mar Negro así como algunos cazas de combate a Bulgaria y a los países Bálticos.
Es curioso, yo diría que incluso pintoresco, ver como Putin alienta y tiene unas relaciones privilegiadas con los partidos europeos de la extrema derecha, los que se oponen a la OTAN y a la UE. En este sentido, Joe Biden tiene un problema serio con parte de la opinión pública en los Estados Unidos. Una parte de los republicanos, los más radicales seguidores de Trump también lo son de Putin. El país en una coyuntura tan incierta y peligrosa como esta aparece profundamente dividido. Es lamentable ver a fervorosos ultraderechistas luciendo camisetas con el rostro de Putin en Florida y en California. El paso de Trump por la presidencia ha sido como un venenoso tornado que lo perturbó todo.
El problema del Este de Europa en su frontera con Rusia no es el único con el que se enfrenta Joe Biden, hay otro tema que también le quita el sueño al veterano político como es la competencia con China y el juego de hegemonías en el Extremo Oriente. China sigue amenazando con integrar a Taiwan por la fuerza, invadiéndola. Otro problema mayúsculo que en estos momentos no toca, pero no se descarta que tenga protagonismo en un próximo futuro. Los Estados Unidos han salido muy quemados de sus aventuras bélicas exteriores después de la Segunda Guerra Mundial. Nombres como Corea, Vietnam y más recientemente Afganistán hirieron profundamente su orgullo de superpotencia. Sin embargo, a pesar de todo, los antiguos y poderosos países de la vieja Europa hoy necesitan del paraguas estadounidense para articular su Defensa y su Seguridad. La crisis actual deja en evidencia el escaso peso defensivo que tienen los 27 países que conforman la Unión Europea. Todo el mundo lo dice, pero falta resolución.
Para poner en marcha una defensa propia se necesita una Unión Política que la soporte. Cuando se planteó no obtuvo el respaldo necesario.
Desde Estados Unidos y otros aliados han enviado a Kiev miles de toneladas de material militar. El ejército de Ucrania se ha reforzado notablemente en los últimos años, pero no podría resistir una invasión rusa.
A pesar de la música de los tambores de guerra entre Rusia y Ucrania, también se habla de paz y disuasión. En sus cuarteles generales y en los cuartos reflexión, unos y otros, analizan los costes que en todos los sentidos tendría una guerra en el profundo sentido de la palabra. Sin jugar a futurólogo, pero analizando todo lo que está en jugo pienso que sería una temeridad por parte de ambos bandos pasar de las palabras a los disparos. Y aunque todo puede ocurrir creo que no ocurrirá. Lo más probable es que de esta crisis surja una guerra fría de consecuencias tenebrosas para la convivencia.
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