Comienza el toque de queda en las ciudades portuguesas
Las restricciones afectan entre otras a Lisboa, Braga, Oporto y los núcleos urbanos del Algarve
Los habitantes de las principales ciudades de Portugal, como Lisboa, Oporto, Braga o Faro, tienen prohibido circular por la calle desde ayer entre las 23 y las 05 horas, un toque de queda aplicado por el Gobierno para frenar el avance de un virus dominado por la variante delta de la covid. En total, la restricción afecta a 45 de las 278 comarcas del país, es decir, a 4 de los algo más de 10 millones de habitantes portugueses. La medida abarca a todo el Área Metropolitana de Lisboa, la región lusa con mayor incidencia de covid en esta cuarta ola.
No habrá exenciones: todas las personas, incluso las vacunadas o con certificado covid, tendrán el deber de permanecer en casa confinadas en esa franja de seis horas. El objetivo, insisten en el Ejecutivo luso, es evitar masificaciones y reuniones con muchas personas, especialmente por la noche. De momento, los archipiélagos portugueses de Madeira y Azores se libran de estas restricciones.
Además, sigue vigente la medida adoptada hace tres semanas por el Gobierno con la que se prohíbe la entrada y salida de personas en el Área Metropolitana de Lisboa, de 15,30 horas (GMT) del viernes a las 05 horas del lunes. En este caso, sí hay algunas excepciones, entre ellas las personas que justifiquen alguna causa de fuerza mayor las que estén vacunadas y tengan el certificado digital.
En la jornada de ayer, la Dirección General de Salud (DGS) de Portugal notificó 2.436 nuevos contagios de covid en todo el país, de los que el 56% fueron registrados en la región de Lisboa y el 22,7% en la zona norte portuguesa. La cifra de hospitalizados creció en 23 personas, hasta los 532 hospitalizados, de los que 118 (5 más que ayer) permanecen en cuidados intensivos.
La incidencia a 14 días subió hasta los 189,4 casos por cada 100.000 habitantes. La mayor incidencia del país se registra en Lisboa y el Algarve, con el concejo de Lisboa en 595 casos. Las principales ciudades del Algarve, una de las zonas más turísticas del país, también dispararon su incidencia; especialmente la zona de Albufeira, que tiene la mayor incidencia de Portugal con 823 casos por cada 100.000 habitantes.
Los portugueses encaran este retroceso con resignación y confían en que las restricciones sean eficaces para contener la expansión del virus, aunque reconocen que están fatigados después de tanto tiempo de prohibiciones. En general, la opinión es que las medidas son necesarias, pero con ciertas pegas; por ejemplo, Raquel Clemente, estudiante de 22 años, cree que el blindaje de Lisboa en fin de semana no tiene sentido si el resto de días se mantiene abierta. También preocupan las pérdidas que algunos negocios acarrean, especialmente servicios y hostelería.
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