La China de Xi: más marxista, nacionalista y autosuficiente
Mayor control social y firmeza contra Occidente, previsibles rasgos del tercer mandato de Jinping
La concentración del poder en China en torno a la figura de Xi Jinping, reelegido el domingo secretario general del Partido Comunista (PCCh), augura más control social, asertividad frente a Occidente y una arriesgada apuesta por la autosuficiencia tecnológica, pronostican los expertos. Xi impuso su ley durante el XX del Congreso del PCCh que concluyó este fin de semana y eligió personalmente a sus fieles para copar la nueva cúpula de la formación durante un tercer mandato de cinco años, sin ninguna facción interna que pueda hacerle sombra.
“La composición de su nueva cohorte muestra que Xi lleva las riendas de todo y que ha logrado cimentar aún más su poder. Todos los miembros de esta cúpula han trabajado anteriormente con él y están muy ligados a su figura”, explica el investigador Yu Jie, del laboratorio de ideas londinense Chatham House. El objetivo de Xi es que su nuevo equipo impulse lo que él mismo denominó una “revolución dentro del Partido”.
Los analistas ven en sus últimos discursos proclamas extremadamente ideológicas que priman conceptos como seguridad nacional, unidad y autosuficiencia para afrontar lo que se consideran ataques externos, como el veto de Washington a la fabricación de chips estadounidenses para empresas chinas. “Algunos de los nuevos miembros del Politburó (24 personas) tienen una sólida experiencia en la gestión de empresas estatales clave y de industrias estratégicas. Este nuevo equipo tiene la misión de impulsar la autosuficiencia para garantizar la seguridad nacional”, añade Yu.
El nuevo Comité Permanente nombrado ayer, la cúpula del PCCh, tendrá también la misión de revitalizar la economía, fundamental para la legitimidad del régimen, y para ello Xi ha optado por aupar al número dos de su escalafón a Li Qiang, que llevaba las riendas del mayor polo empresarial del país, Shanghái.
El mandatario habló de los “desafíos globales” y de responder a ellos impulsando “los valores comunes de toda la humanidad”, con Pekín asegurando que su sistema socialista también es “una democracia que funciona”, mejor incluso que los países occidentales, a los que considera en declive. El líder chino aseveró que “la gloria está cuando se supera la adversidad”, augurio según los analistas de que vienen curvas y que el PCCh tirará de mano dura para mantener el control social, su prioridad.
La crisis de Taiwán estuvo presente en el cónclave y se incluyó en los estatutos del partido una resolución para “rechazar” una declaración de independencia de la isla y “oponerse tanto a los separatistas como a quienes lanzan burdas provocaciones desde el exterior”.
En lo económico-social, Xi quiso calmar las aguas al garantizar la vigencia del proceso de “reforma y apertura” mediante el que China se ha desarrollado desde los 80, y prometió “oportunidades para todos” porque “China no se puede desarrollar sin el mundo, y el mundo también necesita a China”. No obstante, los expertos no auguran recetas liberales sino más bien autosuficiencia, marxismo y nacionalismo para reducir los desequilibrios y desigualdades que aún caracterizan el modelo chino.
Por el momento, las bolsas no parecen haber acogido con optimismo el resultado del Congreso, y el índice de referencia de la Bolsa de Hong Kong, el Hang Seng, perdió ayer un 6,4%, por debajo incluso del nivel de algunas jornadas de finales de 2008, durante el estallido de la crisis financiera global.
Ai Weiwei critica una cúpula que “no muestra tener sentimientos”
El artista y activista chino Ai Weiwei dijo que el mediático momento protagonizado por el expresidente Hu Jintao siendo escoltado fuera del congreso del Partido Comunista de este fin de semana refleja “la lucha interna por el poder” en China. Ese momento “muestra la profunda realidad del núcleo de la sociedad comunista” y es “un muy pequeño vistazo” a “la continua lucha interna por el poder” en el partido desde su fundación en 1921, dijo Ai.
El artista conoció personalmente a Hu, quien asistió al funeral del padre de Ai y al que calificó como “un hombre muy calmado y razonable, pese a ser el líder del Partido Comunista”, y al que asegura que algunos veían como un líder “muy blando”. “Sólo unos segundos sirven para reflejar la expulsión forzosa de un presidente”, guiado por la escolta del presidente y con el gesto simbólico de no dejarle mirar los papeles frente a él, “donde se supone que están escritos los nombres de la nueva cúpula de Xi”, mientras a su alrededor “nadie se movió ni pestañeó”, señaló.
El activista chino cree que la escena “muestra a la cúpula de un Gobierno central o unos líderes desarraigados. Una gran nación de 1.400 millones de personas controlada por un grupo de gente que no tiene respeto, no sólo por las normas, sino que ni siquiera muestran tener sentimientos personales, emociones o siquiera amistad”.
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