Vincios une tecnología y tradición

Val miñor

Vacas cachenas, ovejas y cabras gallegas son vigiladas con pastoreo virtual mientras mantienen limpios los montes y reducen los peligros de nuevos incendios como los sufridos en el 2017

Los montes de Vincios cuentan con 26 vacas Cachenas que, junto a unas 60 cabras y 18 ovejas gallegas, pastan libremente para mantener a raya la vegetación y minimizar el riesgo de incendio.
Los montes de Vincios cuentan con 26 vacas Cachenas que, junto a unas 60 cabras y 18 ovejas gallegas, pastan libremente para mantener a raya la vegetación y minimizar el riesgo de incendio. | Atlántico

José Taboada abre el teléfono y dibuja un polígono sobre el mapa de Vincios: ni postes, ni alambre, ni nada físico sobre el terreno, solo una línea que existe en la pantalla. En cuanto una de las 26 vacas cachenas que pastan por el monte se acerca a esa frontera invisible, el collar que lleva al cuello empieza a sonar, y si el animal sigue adelante recibe una pequeña descarga, parecida a la de un pastor eléctrico convencional.

Se llama pastoreo virtual y es la pieza más nueva de un proyecto que, en realidad, recupera algo muy antiguo: dejar que el ganado haga el trabajo que durante siglos hizo en los montes gallegos, antes de que estos se llenaran de pino y eucalipto y de que las aldeas se vaciaran.

El fuego arrasó el 80% del monte de la Comunidad de Montes de Vincios, en Gondomar, en 2017. Fue, dice Taboada, coordinador de la comunidad, el mayor incendio de su historia. De aquel desastre nació una pregunta que todavía guía el proyecto: “¿cómo se gestiona un monte para que no vuelva a arder así?” La respuesta no fue sencilla ni barata, ya que desbrozar una hectárea cuesta entre 1.200 y 4.000 euros. Multiplicado por las más de 600 hectáreas que gestiona la comunidad, el gasto se volvía inasumible. Y había un problema añadido, cuanto más se abre un monte, más luz llega al suelo y más rápido crece después el matorral. "Un monte que arde da mucho más gasto", resume Taboada, porque sin la sombra del arbolado, tojos, zarzas y retamas rebrotan con más fuerza.

Fue entonces cuando la comunidad decidió que no podía seguir desbrozando sin más y que necesitaba traer ganado.

La elección de las razas no fue casual. La cachena, la cabra y la oveja gallegas son razas en peligro de extinción, de modo que criarlas es también una forma de conservar. Además, son animales pequeños, capaces de moverse entre las piedras y el arbolado con una agilidad que una vaca de leche no tiene.

"Comen lo que el monte da", explica Taboada. Zarza, tojo, incluso las puntas de los tallos de las especies invasoras como la acacia. No necesitan pastos ni apenas aportes externos, salvo en los meses más secos o los más duros del invierno. Paren solas, en el monte, durante todo el año. La comunidad empezó con cinco cachenas; hoy tiene 26. A ellas se han sumado cerca de 60 cabras y, desde este año, 18 ovejas. Hay una idea que Taboada quiere dejar clara "el ganado no sustituye la maquinaria, la complementa. No son desbrozadoras".

Antes de soltar los animales en una zona es necesario desbrozar, después, ellos se encargan de mantenerla. En una prueba sobre 40 hectáreas de monte bajo, las zonas donde después pastó el ganado se mantuvieron limpias; las que no recibieron animales volvieron a llenarse de matorral. El pisoteo, además, tiene un efecto que no estaba en el cálculo inicial: al remover el suelo, favorece que el agua de lluvia penetre en los acuíferos.

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