El Pico Sacro, hogar de la Reina Lupa
El misterioso monte que preside el valle del Ulla y las inmediaciones de Compostela, clave en las peregrinaciones hasta la catedral de Santiago, se llena en verano de caminantes
La Reina Lupa quizá existió y de una u otra forma su huella se mantiene en el Camino de Santiago, con el Pico Sacro como su punto culminante, lugar de historias y leyendas y un monte singular. Su participación en la Traslatio del Apóstol la cuenta el Códex Calixtinus. Según la misma, los discípulos de Santiago, Teodomiro y Atanasio, solicitaron a la legendaria reina un lugar donde enterrar los restos de Santiago, que había sido decapitado en Jerusalén. Los envió a un monte cerca de la actual Compostela, en el valle del río Ulla, de 530 metros de altura, desde el que se divisa todo el paisaje (y hoy la Catedral, al fondo). Tirando de la historia/leyenda, al parecer se trataba de una trampa, ya que Lupa quería deshacerse de ellos. Así, al llegar a su cima se encontraron con un dragón, al que pudieron vencer tal vez por intercesión divina. Después de bendecir el monte y renombrarlo como Sacro, aparecieron unos furiosos bueyes, amansados por los discípulos con su sola presencia. Finalmente, Lupa se convence, decide destruir sus ídolos paganos y se convierte al cristianismo, así como todos sus vasallos.
La tradición oral cuenta también que Lupa tendría otra residencia en la cima del monte, con huerta incluida, dentro de una cueva. Tal vez sea la conocida actualmente como Calle de Lupa, una depresión en la cima del monte. Allí está todavía y es visible, una curiosa formación probablemente natural, aunque sorprendente. Tras la conversión al cristianismo de la reina, alguna teoría sitúa un eventual enterramiento en la propia Catedral de Santiago. Los expertos relacionan el nombre de una dama que aparece en una lauda reutilizada en el primer altar de Santiago con la mismísima Lupa.
Entre los años 820 y 830 d.C., un ermitaño llamado Pelayo presenció una lluvia de estrellas que descendía sobre un campo. Al investigar, descubrió un antiguo mausoleo e informó rápidamente al obispo Teodomiro de Iria Flavia (Padrón). Tras tres días de meditación y ayuno, el obispo tuvo una revelación en la cual se le hacía saber que en el mausoleo contenía los restos del apóstol Santiago y de dos de sus discípulos. Dicha nueva fue pronto comunicada al rey Alfonso II de Asturias, quien ordenó la construcción de una pequeña iglesia alrededor de la tumba. Este acontecimiento marcó el inicio de la tradición de la tumba de Santiago, registrada en el siglo XII, y del fenómeno jacobeo, que sigue atrayendo a millones de peregrinos.
Leyenda y verdad sobre el obispo Teodomiro
A pesar de la importancia de esta historia, poco se sabía del obispo Teodomiro, y su existencia se puso en duda hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando se descubrió una lápida que marcaba su muerte en el año 847. Bajo esta lápida se encontraron restos que, en un principio, se identificaron como pertenecientes a un varón de edad avanzada. Sin embargo, un nuevo examen a mediados de los años ochenta sugirió que los restos eran de una mujer, lo que generó dudas sobre su conexión con el obispo. Ahora, una nueva investigación interdisciplinaria ha revisado el caso. Dirigido por Patxi Pérez Ramallo, de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, y en colaboración con instituciones como el Instituto Max Planck de Geoantropología y la Universidad de Estocolmo, este equipo internacional ha realizado un análisis exhaustivo de los restos, aportando nuevos datos sobre la identidad del individuo. Esta investigación confirmó que la tumba contenía los huesos de un solo individuo, un varón de más de 45 años. La datación por radiocarbono sitúa la muestra entre 673 y 820, lo que concuerda con una muerte en 847. Otros análisis sugieren que el individuo vivió cerca de la costa, coincidiendo con Iria Flavia.
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