Las localidades ourensanas arrasadas por las tormentas intentan recuperar la normalidad
La aldea de A Bouza sigue sin trabajos de limpieza profundos en los bajos de las viviendas al retrasarse el peritaje de los daños. El alcalde, Germán García-Ávila, confirmó que mañana empezará a quitarse el lodo pase lo que pase
Tras cuatro días de unas de las riadas más devastadoras que se recuerdan en la provincia, los vecinos de las aldeas de A Bouza y Pradocabalos, en Viana do Bolo, las más afectadas por esta catástrofe, continúan manifestando que necesitan más medios para proceder a los trabajos de recuperación. La rapidez a la que bajó el agua se contrapone con la lentitud de los refuerzos.
Estas localidades intentan salir de esta dramática situación con la ayuda de asociaciones, la colaboración de voluntarios y la unión vecinal, pero los residentes indican que “no es suficiente” para poder recuperar de nuevo su vida, adecentar sus hogares y darle de nuevo forma a sus aldeas.
En A Bouza, los bajos de las casas de gran parte del núcleo, siguen bloqueados por unos cúmulos de sedimentos y de tierra que incluso alcanzan los dos metros de altura. Esta lentitud a la hora de retirar los restos se debe al retraso de peritajes, que todavía no se han hecho en esta ubicación, como confirmó el alcalde Viana do Bolo, Germán García Ávila. Una situación que no se repite en Padrocabalos -con unos trabajos de limpieza más avanzados- y que continúa dejando colapsada la calle central del pueblo, a través de una gran masa de lodo seco, bajo la cual hay hasta cuatro coches sepultados. Ahí, brigadas de la Diputación sí abrieron un canal para que el agua pueda discurrir sin generar más problemas.
A la espera de que lleguen los peritos, “o luns si ou si vaise empezar a retirar o material, xa están facendo fotografías e o luns empezamos a quitala, non sexa o demo que volva chover e que ese material nos produza algún incidente”, afirmó el alcalde, que pidió que la Xunta “declare a zona de Emerxencia”.
La imagen de allí ayer, al ser sábado, era la de sus pocos vecinos, y algunos voluntarios de otras aldeas, intentando limpiar una masa de lodo completamente imposible para manejar entre tan pocas manos y especialmente tan pocas herramientas. “Os nosos brazos non son nada, necesitanse máquinas que limpien as casas. Unha fregona non fai nada aquí, ten que ser maquinaria”, reclamó Josefa Pérez, vecina de A Bouza, que relató entre lágrimas el trauma vivido: “Un chico tirouse dun coche, un pai e un fillo saliron por una ventaniña pequeña do corral, a un chico minusválido sacárono nunha cadeira e a unha señora maior levárona a ombros”.
Pese a la grieta que divide físicamente la aldea, la unión entre los vecinos es más fuerte que nunca. Muchos todavía no puden acceder a sus hogares y se quedan en otras casas o en aldeas cercanas y los vecinos de alrededores llegan en masa para ayudar. Según indican, incluso se movilizaron para comprar ellos mismos una manguerra de 30 metros para recuperar el agua corriente en los hogares, aunque todavía no es potable.
Contenido patrocinado
También te puede interesar