Una puñalada a la maternidad

Cinco claves para entender por qué un padre mata a su propio hijo para causar dolor a la madre

ALBA GIL
Publicado: 27 ago 2021 - 02:53
Hotel de Barcelona donde se se produjo el último asesinato por violencia vicaria.
Hotel de Barcelona donde se se produjo el último asesinato por violencia vicaria.

El homicidio de un niño de 2 años presuntamente a manos de su padre en un hotel de Barcelona volvió a poner en el centro del debate la denominada violencia vicaria, aquella que se ejerce contra los hijos para generar el máximo daño posible a la madre y llegar a causarle “la muerte en vida”. De confirmarse la naturaleza de la muerte del pequeño, este se sumaría a una larga lista de menores asesinados por sus padres o por las parejas sentimentales de sus madres en el marco de la violencia machista, una cifra que alcanza los 40 desde 2014 (41 si se encuentra sin vida a Anna, la menor de las niñas de Tenerife a las que supuestamente mató su padre, Tomás Gimeno, y arrojó al mar), según los datos de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género.

Estas son las cinco claves que explican cómo y por qué se produce este tipo de violencia:

1. El lado más oscuro de la violencia machista. La violencia vicaria o “por sustitución” es una forma de violencia machista que se ejerce contra terceras personas con el objetivo de generar el mayor daño posible a una mujer y se expresa en la gran mayoría de los casos contra sus hijos.

“Se ejerce sobre todo contra las personas a las que la mujer más ama y con las que tiene un vínculo emocional importante”, explica la psicóloga especializada en violencia sexual y procesos de victimización Alba Alfageme, una descripción que el psicoanalista y profesor colaborador de los Estudios de Psicología de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) José Ramón Ubieto ha resumido así: “Es el uso de los hijos para hacer daño a la pareja”.

2. Los niños como instrumento. “El objeto principal no es tanto herir a los menores, sino usarlos para hacer daño”, asegura Ubieto, para quien este tipo de violencia se basa en la voluntad de dejar “una huella imborrable” y una “herida que nunca cicatrizará” en la mujer víctima. “Es causar la muerte en vida”, sentencia Alfageme.

De acuerdo con esta psicóloga, este fenómeno considera a los hijos “como un medio o instrumento para causar el máximo dolor o daño a la madre”, por lo que a menudo se utiliza también como “método de amenaza” para impedir que una mujer se aleje.

3. Un problema estructural. Ambos especialistas coinciden en que la violencia vicaria no es un elemento “nuevo”, sino que responde a patrones “estructurales” y se explica por una sociedad que aún responde a parámetros patriarcales. “Para algunos varones, los hijos son sobre todo el objeto de la madre, es lo que le han dado a la mujer (...) y de la misma forma que se lo han dado, creen que se lo pueden quitar”, señala Ubieto al referirse al “fantasma psíquico” de algunas personas que ven en sus hijos “un objeto de deseo y satisfacción” que puede traducirse incluso en “abusos sexuales o maltratos”.

Por su parte, Alfageme celebra que, poco a poco, comience a “visibilizarse” este tipo de violencia, aunque a su juicio aún queda un largo recorrido por delante. “Por suerte, le estamos poniendo nombre y estamos socializando esta problemática porque no es un fenómeno nuevo”, dijo antes de recordar que vivimos en una sociedad “absolutamente adultocéntrica”, en la que “siempre pensamos en lo que les pasa a las personas adultas, mientras los hijos son los grandes invisibilizados de esta violencia”.

4. Regulación en el aire. Aunque actualmente la violencia vicaria no figura como tal en la ley de violencia de género de 2004, el pasado junio se publicó en el BOE una modificación de esta legislación para pasar a considerarla como aquella forma de violencia de género “que, con el objetivo de causar perjuicio o daño a las mujeres, se ejerce sobre sus familiares o allegados menores de edad”. No obstante, desde 2015 se reconoce a los hijos de las mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas como víctimas directas de la violencia machista, aunque el término no aparezca en la redacción de la norma, a diferencia de lo que ocurre en leyes autonómicas como la catalana o la gallega. Donde sí figura explícitamente es en el Pacto de Estado contra la Violencia de Género, en cuyo documento se la describe como “el daño más extremo que puede ejercer el maltratador hacia una mujer: dañar y/o asesinar a los hijos/as”.

5. Un abordaje holístico para combatirla. Para poder hacer frente a este tipo de violencia es necesario, de acuerdo con los expertos, un abordaje “global y holístico” que permita entender que “no son hechos aislados, sino que responden a una situación de desigualdad estructural” que requieren una “perspectiva feminista”.

“Si no, nos estaremos equivocando en el enfoque”, advierte Alfageme, quien resalta que “una persona violenta con su pareja no puede ser un buen padre” porque “su forma de relacionarse a nivel emocional es a través de la violencia”, y ha pedido tener este aspecto en cuenta en los procesos de separación o divorcio. En el mismo sentido Ubieto defiende que “la condición de padre no se puede disociar tan fácilmente de la relación conyugal o de pareja”.

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